A 10 años de la liberación de Rojava y de otra capitulación del PKK


Por Musa Ardem 

Se cumple un nuevo aniversario del inicio de la “Revolución” de Rojava, cuyos líderes eligieron como fecha de conmemoración el 19 de Julio, ya que porque fue ese día del año 2012 cuando las YPG (Unidades de Protección del Pueblo) tomaron la ciudad de Kobanê, que dos años después sería testigo de la heroica resistencia contra el ataque de las hordas del Estado Islámico,  entre fines de 2014 y principios de 2015.

Desde ese entonces, se han sucedido una serie de hechos trascendentales, como la invasión de las fuerzas turcas y sus aliados jihadistas de la zona intermedia entre los cantones de Kobanê y Afrin -Jarabulus- más adelante la propia ciudad de Afrin y, en ese contexto, la liquidación de Daesh o Estado Islámico, con la toma de su “capital”, Raqqa, por las YPG, con un gran protagonismo de los Estados Unidos.

La “Revolución de Rojava”, que se desarrolló como parte del proceso revolucionario sirio, en el marco de la Primavera Árabe, dio lugar a fenómenos parecidos. Los consejos locales de Siria -organismos de doble poder- tuvieron su réplica en territorio kurdo, a través de las asambleas populares, que en los hechos se hicieron cargo del control político de varias ciudades, como Qamishlo.

Sin embargo, el retroceso de la revolución kurda no sucedió como en Siria, donde Bashar al Assad -con el apoyo de Rusia, Estados Unidos y el imperialismo europeo- masacró a cientos de miles, trabajando en “equipo” con las bandas yihadistas, que en vez de combatir al ejército oficial se dedicaron a masacrar revolucionarios/as.  En Rojava, el PKK, Partido de los Trabajadores del Kurdistán, aprovechó su prestigio militar para imponer el control burocrático de las asambleas populares, pactar con los EE.UU. y frenar la dinámica socialista de la revolución.

En una nota de junio de 2017 decíamos: “Se han visto intensificadas las relaciones entre la Administración Federal y los EEUU, algo que ha condicionado políticamente a las operaciones de las Fuerzas Democráticas de Siria, integradas por las YPG/YPJ y otras fuerzas aliadas. Si bien esta suerte de “alianza táctica” puede significar un crecimiento en la capacidad de acción y poder de fuego de las SDF, habría que ver hasta qué punto esa alianza puede transformarse en “estratégica”, condicionando de esta manera el desarrollo del proceso revolucionario”. 

“Si bien continuamos apoyando la lucha del pueblo kurdo y sus aliados, advertimos sobre los peligros que pueden acarrear para la revolución el fortalecimiento de los lazos con EEUU o cualquier otra potencia, que tienen intereses que no son los mismos que los de los pueblos que luchan por su liberación.  ¡Viva la revolución de Rojava, fuera imperialistas de Medio Oriente, abajo las dictaduras de Bashar, Erdogan, Rohuani, Barzani y compañía!”

La realidad nos terminó dando la razón, a pesar de lo cual la lucha no fue en vano, porque a pesar de las contradicciones y el retroceso político de la revolución, el pueblo kurdo conquistó -en los hechos- un estado propio, que cuenta con una Constitución, organismos de gobierno, ejército y un pueblo dispuesto a defenderlo de las amenazas que provienen tanto del régimen turco, como del que todavía encabeza el carnicero de Medio Oriente, Bashar al Assad.

Desde ese lugar, continuaremos insistiendo en que no habrá liberación total para los kurdos y las kurdas y demás nacionalidades oprimidas de la región, sin una lucha consecuente contra todas las dictaduras capitalistas de Medio Oriente, como Israel, Turquía, Siria, Iraq, Irán, Jordania o Líbano, y la expulsión de todas las potencias imperialistas: Estados Unidos, Unión Europea, Rusia y China.  Sólo así se podrá avanzar hacia una nueva sociedad, sin opresores ni oprimidos, a través de una Federación de Estados o Regiones Autónomas de carácter obrero y socialista.

Con EE.UU. no habrá liberación 

Nota escrita el 27 de julio de 2017, por Juan Giglio para Kurdistán Desde el Sur

Un año atrás comenzaba la ofensiva contra la “Capital del Califato”, la ciudad de Raqqa, operación que cuenta con el despliegue mayoritario de las guerrillas kurdas - YPG/YPJ - aunque está siendo dirigida políticamente por el gobierno de los Estados Unidos, que aprovechó esa coyuntura para profundizar el desembarco de pertrechos y fuerzas propias. (Leer nota nuestra de un año atrás)

Hasta las batallas de Kobane y Tal Abyad – triunfos obtenidos por las milicias, que se apoyaron en la movilización multitudinaria de las masas del Kurdistán turco o Bakur y sectores solidarios de todo el mundo – los yanquis no eran más que “aliados” tácticos y coyunturales de las YPG/YPJ, concentrándose en la tarea de bombardear a ISIS en ciertos puntos.

El imperialismo tuvo la política de chantajear a los kurdos, jugándose a convencerlos de que no podrían consolidar su dominio sobre Rojava sin el apoyo aéreo y logístico de la “Coalición”. De hecho, podrían haber ayudado a terminar los combates de Kobane mucho antes, solo con bombardear las líneas de suministro del Estado Islámico, cosa que nunca hicieron.

Recién después de que los kurdos recuperaran la mayoría de la ciudad, los jets estadounidenses atacaron la estratégica colina de Mishtenur, facilitando el triunfo total de las guerrillas. Los yanquis utilizaron esta “carta” para intensificar la presión sobre la conducción kurda, que hasta ese momento negaba la posibilidad de “coordinar acciones” con EE.UU.

El retroceso de la movilización del pueblo kurdo en Turquía, luego del intento fallido de “golpe”, cambió la situación, porque el aislamiento de las milicias con la retaguardia turca - multitudinaria y combativa - empujó a la vacilante dirección del PYD hacia los brazos de Obama, que no desaprovechó esto para meterse con todo en el norte de Siria.

Quienes reivindican este reposicionamiento, se excusan en que “no habría manera de enfrentar a semejante cantidad y calidad de enemigos sin contar con alianzas militares tácticas”, o que “sería imposible que Rojava se mantuviera sin estas, ya que la segunda potencia de la OTAN - Turquía -está al acecho del otro lado de las fronteras”.

La conducción política de las guerrillas de Rojava eligió el camino “más corto”, en vez de apoyarse en la movilización de los trabajadores y los pueblos de todo el mundo, que miran con mucha simpatía la “Revolución de los Cantones”. ¡El rumbo que permitió que las masas vietnamitas derrotaran a un enemigo más poderoso que Turquía e ISIS juntos: EE.UU.!

Algunos años atrás los palestinos de la Franja de Gaza expulsaron al poderoso ejército sionista con una combinación similar - la guerra de túneles y una campaña de solidaridad internacional - que le ató las garras a la bestia israelita, obligándola a retroceder de manera humillante. ¡Obvio que elegir este camino no es sencillo, porque parece ser el más tortuoso!

Sin embargo es el más seguro, porque otorga un “crédito” fundamental, la total y absoluta independencia de los poderes internacionales, una opción, que si se la toma, provoca rápidamente la empatía de millones en todo el mundo que odian a los imperialistas, ya que están peleando contra los planes que aplican sus agentes locales.

Desde Convergencia Socialista y el espacio unitario Kurdistán Desde el Sur, nos hemos ubicado desde el principio - y seguimos estando - en la trinchera  del pueblo kurdo, porque su lucha es una causa más que justa. Eso no nos impide cuestionar, incluso con dureza, la política de sus dirigentes, que al elegir el “camino más corto” se ataron al carro del imperialismo.

A los yanquis y a sus aliados - con Donald Trump o Joseph Biden a la cabeza - no les interesa la autonomía o independencia del Kurdistán, sino hacerse dueños de los recursos y la excepcional ubicación geopolítica de la región.  La única salida para los pueblos kurdos, árabes, palestinos, yezidíes, turcomanos, asirios, baluchis, etc. es unirse y echar a sus enemigos locales e imperiales.

La derrota de los capitalistas - que los oprimen nacionalmente y explotan socialmente - les abrirá las puertas de la construcción de una sociedad distinta, sin explotados/as ni explotadores/as: la Federación de Estados o Regiones Autónomas Socialistas de Medio Oriente, asentada en asambleas democráticas y milicias populares.

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