Che Guevara, Marx, Feuerbach y la práctica revolucionaria


Por Damián Vekelo

El 14 de junio se cumplirá un nuevo aniversario del nacimiento del Che Guevara, que, de vivir, tendría 94 años. Lo recordamos con una nota escrita -como parte de una serie- en la que abordamos ciertas caracterizaciones acerca del guevarismo:

Esta es la primera de una serie de notas en las que abordaremos, algunos elementos de esta corriente del marxismo que denominamos guevarismo. La intención es develar y profundizar en algunos aportes teóricos del Che, que consideramos de suma importancia para la lucha revolucionaria en todos los planos.

En el espíritu de lo mejor de la tradición marxista, no nos proponemos realizar un "manual de guevarismo", sino comenzar a unir y relacionar la producción teórica del Che, trazando lo que consideramos aspectos centrales, que oxigenaron el socialismo en la segunda mitad del siglo XX y pueden constituir herramientas para la acción revolucionaria en la actualidad. 

"La teoría materialista de que los hombres son producto de las circunstancias y de la educación, y de que por tanto, los hombres modificados son producto de circunstancias distintas y de una educación modificada, olvida que son los hombres, precisamente, los que hacen que cambien las circunstancias y que el propio educador necesita ser educado.... La coincidencia de la modificación de las circunstancias y de la actividad humana sólo puede concebirse y entenderse racionalmente como práctica revolucionaria."[1]

La lucha teórico-política llevada adelante por el Che, durante el inicio de la construcción del socialismo en Cuba, se dio en un contexto particular que no vivieron Marx ni Lenin, fue ese período en el que se agudizó la lucha de clases, no solo dentro de los países capitalistas, sino también dentro del entonces campo socialista. 

Este proceso implicó una fuerte influencia por parte de las posiciones que sembraron el camino de la restauración del capitalismo, principalmente en la ex Unión Soviética, que fueron ganando terreno en partidos y organizaciones revolucionarias en el resto del mundo, principalmente en el tercer mundo que atravesaba una serie de luchas anti imperialistas que en casos como el de Vietnam, asumieron el grado de guerra revolucionaria.

Desde principios de la década del treinta del pasado siglo, se producen en torno a la URRS, una serie de debates ideológicos, con una decisiva implicancia política. En la década del 60, el Che cuestiona, entre varios aspectos la coexistencia pacífica, heredera directa de los frentes populares. 

En ese debate el Che asume una posición crítica hacia la línea soviética, que se irá profundizando, aunque no es objeto de éste artículo describir o detenerse en el análisis de las corrientes formadas en torno a esa disputa, tarea necesaria y que abordaremos más adelante, sino señalar las consecuencias políticas de concepciones que tienen sus orígenes y bases materiales en las primeras décadas de construcción del socialismo. 

Hay una idea que el Che desarrolla en forma de polémica, en la crítica de los manuales de economía soviéticos, en los que se da una excesiva importancia al desarrollo de las fuerzas productivas en la construcción socialista, dejando en un segundo plano aquello que fue siempre el centro para el marxismo, la lucha de clases. 

Esta concepción tuvo grandes consecuencias políticas para la clase obrera mundial, sobre todo para los trabajadores de los países oprimidos, en los que los partidos, llamados comunistas, en consonancia con la línea de Moscú promovieron por décadas una política de conciliación de clases, de alianzas con fracciones, consideradas progresistas de la burguesía de sus países, por el hecho de que las fuerzas productivas no estaban maduras para el socialismo, sino que debía completarse una inconclusa revolución burguesa, fue ese uno de los planteos centrales de los frentes populares. 

Desde una posición de principio, de retorno al núcleo de la tradición comunista, bolchevique, Guevara critica en estos manuales de la URSS, esa idea que en el fondo negaba la lucha de clases. Es conocida la postura del Che ante las burguesías nacionales, a las que definió como furgón de cola del imperialismo. 

Como contraposición sostenía que el papel de la vanguardia, tanto en la lucha como en la construcción socialista ocupaba un lugar determinante y podía equiparar el desarrollo de las fuerzas productivas alcanzado por las potencias, ya que las nuevas relaciones de producción y con ellas la superestructura, el elemento subjetivo, la conciencia pueden acelerar ese desarrollo, partiendo del grado más alto alcanzado por la humanidad en el momento histórico, ya que el capitalismo es un sistema mundial.

Ese es uno de los aportes que entendemos, dejó el Che, al igual que Lenin hace un siglo, la recuperación del papel de la subjetividad, de la práctica revolucionaria en la transformación de la realidad, es también el principal signo del marxismo y es de suma importancia desempolvar hoy esas ideas que movilizaron a las primeras generaciones de comunistas.

Atravesamos hoy una profunda crisis del capitalismo, no solo económica sino también superestructural, es una crisis en la institucionalidad, que se desarrolla de forma desigual, pero cuya tendencia principal es hacia la profundización y en la que el capitalismo ya no puede contener en el marco de sus instituciones, las aspiraciones de una vida digna de las amplias masas oprimidas.  
  

[1] C. Marx; Tesis sobre Feuerbach

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