Alberto, demagogia barata para terminar de rodillas frente a Biden


Por Juan Giglio

Alberto Fernández se presentó en la Cumbre de las Américas -presidida por Joseph Biden- tratando de ocultar las heridas provocadas por el kirchnerismo, cuyas principales espadas provocaron la renuncia de uno de sus laderos, Matías Kulfas. Allí, frente al jefe del imperialismo yanqui, intentó reacomodarse, cuestionando las políticas de los yanquis. En ese marco, según explica Infobae del 10 de junio, le propuso a Joseph Biden una agenda geopolítica que enfrenta los intereses regionales de la Casa Blanca, solicitándole que ceda la dirección del BID, eyecte a Luis Almagro como secretario general de la OEA y termine con los bloqueos comerciales a Cuba y Venezuela.

Página 12 publicó varias notas reivindicando los dichos presidenciales: En su duro discurso en la Cumbre de las Américas, que asumió como presidente de la CELAC, Alberto Fernández fijó posición sobre los principales desafíos que afronta actualmente la región y el mundo. Sintetizando sus diatribas “antiimperialistas”, el “boletín oficial” explicó que Fernández criticó el bloqueo a Cuba y Venezuela, como así también el veto a la participación en la Cumbre de estos países y Nicaragua, las políticas de Trump y su apoyo a la campaña y gestión del ex presidente argentino Mauricio Macri.

Alberto, además, hizo referencia a la invasión rusa a Ucrania, planteando la necesidad de construir escenarios de negociación que le pongan fin a la catástrofe bélica. Para regocijo de Página 12, remató su discurso con un llamado a gravar las ganancias extraordinarias, que estarían consiguiendo ciertos sectores de la burguesía, debido a la guerra: La renta inesperada que la guerra entregó como un regalo a grandes corporaciones alimenticias, petroleras y armamentísticas debe ser gravada para mejorar la distribución del ingreso.

Envalentonado, luego de semejante arenga, el susodicho se dirigió a Biden, para decirle que es momento de abrirse de modo fraterno en pos de favorecer intereses comunes. Los años previos a su llegada al Gobierno de los Estados Unidos de América, estuvieron signados por una política inmensamente dañina para nuestra región desplegada por la administración que lo precedió. Es hora de que esas políticas cambien y los daños se reparen”. (Infobae 10 de junio)

En ese instante se le acabó la nafta “antiimperilista” al motor de Alberto, que, en el llano y de a pie, terminó haciendo lo mismo que han hecho otros presidentes antes que él: rogarle a los dueños del mundo que “cambien” un poquito y que no sean tan “malos” con sus colonias. Los imperialistas nunca dejarán de ser lo que son, porque los monopolios a los que representan viven de la explotación de millones y el saqueo indiscriminado -cada vez más brutal- de los recursos de todo el planeta.

Las guerras entre los dueños del mundo no son sino la consecuencia de todo esto, ya que se enfrentan entre sí para conquistar, como botín, el dominio de amplios territorios. Por lo tanto, pedirles que modifiquen esta conducta, que les es propia e intrínseca, es como “pedirle peras al olmo”. Por eso, el Che Guevara, en una reunión parecida a la Cumbre, el 8 de agosto de 1961, la asamblea del Consejo Interamericano Económico y Social, encaró su discurso para otro lado, convocando a los pueblos a seguir el ejemplo revolucionario de Cuba:

… para interpretar esta Conferencia y para poder sacar las conclusiones que permitan que nuestros pueblos vayan hacia un futuro feliz, de desarrollo armónico, o que se conviertan en apéndices del imperialismo en la preparación de una nueva y terrible guerra o, también que se desangren en luchas intestinas cuando los pueblos -como casi todos ustedes lo han anunciado-, cansados de esperar, cansados de ser engañados una vez más, comiencen el camino que Cuba una vez inició, el de quitarle armas al ejército enemigo que representa la reacción y el de destruir, hasta sus bases, todo un orden social que está hecho para explotar al pueblo.

Las diferencias entre un payaso incapaz de sostener una mínima política de enfrentamiento contra los intereses de las grandes potencias y, quien sí lo hizo, son tan grandes como la distancia entre nuestro planeta y la galaxia más lejana. Por todo esto, en las actuales circunstancias, los trabajadores y el pueblo deben romper definitivamente con el peronismo, que, en su etapa de descomposición final, no hace otra cosa que hundir en la miseria a las masas. ¡Los y las de abajo, deben seguir el camino que marcó el Che, el de la Revolución Obrera y Socialista!

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