miércoles, 6 de abril de 2022

Perú, el populismo sin nafta de Castillo se cae a pedazos


Por Damián Quevedo

Al igual que Boric en Chile, el presidente peruano, Pedro Castillo, está mostrando -rápida y efectivamente- para qué lo eligieron las patronales y para quien gobierna. 

Tiempo atrás señalábamos que la elección de este personaje, que se presentaba como “socialista”, expresaba de manera distorsionada el giro hacia la izquierda que están dando las masas en todo el continente.

Sin embargo, también decíamos que, tanto él como Boric y demás “izquierdistas” asumían, no para defender los intereses de la clase trabajadora y el pueblo pobre, sino todo lo contrario, para evitar el colapso del Sistema Capitalista, que atraviesa una crisis terminal.

En ese contexto, la crisis económica, intensificada por las consecuencias de la pandemia y la guerra en Ucrania, que a su vez son productos de la misma crisis, empuja a los y las de abajo a reclamar por sus demandas insatisfechas, cada vez menos satisfechas por los de arriba.

Eso está sucediendo en Perú, con un incremento explosivo de protestas contra los aumentos de precios y tarifas, las bajas salariales y la pauperización general a la que lleva el capitalismo. Estas protestas, que tienen, en ciertos momentos, su expresión electoral, ahora comenzaron a desarrollarse en su lugar “natural”, las calles.

Por eso, no es casual que, tanto en Chile como en Perú, haya comenzado a desarrollarse un nuevo proceso de movilizaciones contra los efectos de los planes de ajuste, que sus nuevos presidentes, lejos de frenar, están profundizando.

Luego de votar candidatos que aparecieron como contrarios a los partidos políticos tradicionales, las masas continúan buscando una salida, demostrando que no les han dado ningún cheque en blanco a esta gente, algo parecido a lo que ocurre aquí con Alberto y a lo que, pronto sucederá, en Brasil, con una casi segura nueva presidencia de Lula da Silva.

En pocos meses, Castillo, que probablemente sea el más débil de todos los populistas que han ganado elecciones, demostró la inviabilidad de todos los proyectos de estas características, sumergiendo al país en un ajuste brutal, peor aún que el que venían soportando con gobiernos de la “derecha”.

Castillo se encuentra en el peor momento en sus ocho meses de gestión. La tarde del martes se reunirá con la junta de portavoces del Congreso para discutir salidas a la enésima crisis política que afronta. Cerca del 75% de la población tiene en Perú una ocupación informal, y desde mediados de 2021, el costo de vida se ha incrementado debido a una mayor la inflación y el alza de precios de productos que dependen de insumos importados como el maíz para la crianza de los pollos, los fertilizantes y los combustibles.

El Gobierno de Castillo llegó al poder ofreciendo créditos baratos para la agricultura familiar -que atraviesa una crisis por deudas- y medidas para los transportistas, que pedían, entre otras cosas, la revisión de los contratos de peajes porque tienen tarifas caras pese a que las vías están descuidadas o son inseguras. Ambos grupos de trabajadores iniciaron las protestas la semana pasada ante el incumplimiento de las promesas del Gobierno[1].

Ante la imposibilidad de frenar estas acciones de lucha, el gobierno demostró su pasmosa debilidad, decretando el estado de emergencia en Lima y El Callao, teniendo después que levantarlo debido a la presión obrera y popular y al descrédito sufrido en tan pocas horas.

En un mensaje al Congreso, Castillo sostuvo que, “ante los hechos de violencia que algunos grupos han querido crear mediante el bloqueo en los accesos de Lima y Callao, y en aras de restablecer la paz y el orden interno, el Consejo de Ministros decretó el estado de emergencia suspendiendo los derechos constitucionales relativos a la libertad y a la seguridad personal, la inviolabilidad del domicilio y libertad de reuniones en la provincia de Lima y Callao”[2]

Cortes de rutas, choques con la policía y un cuestionamiento directo al presidente y al partido gobernante, Perú Libre, protagonizado por campesinos pobres y trabajadores del transporte de la zona centro del país, que son los sectores más afectados por la política económica de Castillo, cuyo plan económico beneficia a los grandes empresarios locales y las grandes multinacionales.

Este proceso de rebelión popular no es, como venimos señalando, un hecho aislado o producto de la política de un gobierno en particular, sino parte de una tendencia mundial. El retroceso, aunque desigual, de lo que hemos denominado Contrarrevolución Covid -ataque a las libertades mediante el encierro o “distanciamiento social”- comienza a dar lugar a un nuevo ascenso, de carácter revolucionario, del movimiento de masas.

Los trabajadores y el pueblo pobre comienzan a pasar por encima de los diques de contención construidos por la burguesía, sus gobiernos y la burocracia sindical. Esta dinámica lleva a que, más temprano que tarde, los y las de abajo comiencen a poner en pie sus organismos de auto organización y auto defensa, como ocurre en todas las revoluciones.

Los socialistas debemos alentar la movilización de las masas y, principalmente, esta tendencia a liberarse del corsé burocrático, para, en ese camino, construir su propio poder, un poder que en la medida en que se radicalicen las rebeliones, cuestionará, objetivamente, al poder burgués. La tarea de los y las socialistas es dotar a este proceso de un programa auténticamente revolucionario.



[1] https://elpais.com/

[2] https://www.infobae.com/america/peru

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1 comentario:

  1. Lamentablemente muchachos tengo que disentir con ustedes, al experiencia histórica indica hasta ahora que estas crisis de los procesos populistas, no derivan hacia opciones "verdaderamente revolucionarias", sino todo lo contrario. Me parece fantástico vuestro optimismo, pero es totalmente infundado, las masas también eligen no sólo son "manipuladas" y hasta ahora desde la caída de la URRSS, no eligieron más socialismo, sino capitalismo, no había opciones masivas con programas "auténticamente revolucionarios".

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