Reivindicación crítica de Nahuel Moreno


Por Juan Giglio

Nahuel Moreno fue, sin lugar a dudas, el dirigente más importante del trotskismo argentino y uno de los más grandes a nivel internacional, porque tuvo el mérito de instalar las ideas de León Trotsky en el seno de uno de los proletariados más combativos, e intervenir en los procesos más avanzados de la lucha de clases del mundo, practicando el internacionalismo militante. 

Moreno no hacía propaganda de la realidad -como hacen muchas sectas que se reivindican trotskistas y terminan haciendo “periodismo revolucionario”- siempre trató de transformarla aprovechando oportunidades hasta las más pequeñas, con el fin de convertir al partido nacional e internacional en un agrupamiento capaz de influir a las masas. 

Varias camadas del activismo obrero fueron educadas por el “morenismo”, que les inoculó “anticuerpos” contra la colaboración de clases y el “frente populismo”. Textos como “La traición de la OCI”, enfrentando a los trotskistas franceses que capitularon a la socialdemocracia, o “Lora reniega del Trotskismo”, desnudando la estrategia frente populista del tándem Lora-Altamira, mantienen una vigencia excepcional. 

En “El Partido y la Revolución” polemiza con el dirigente del Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional, Mandel, anticipándose al debate que hoy plantean los seguidores de Gramsci, que al igual que los mandelistas no elaboran su programa en función de la movilización de las masas, sino en en función de la vanguardia. En ese sentido, la diferencia es que años atrás los vanguardistas promovían acciones ejemplificadoras, mientras que ahora centran su actividad en la propaganda. 

“Conceptos políticos elementales” es un texto simple pero magnífico, ya que brinda las herramientas principales que debe tener un revolucionario para enfrentar los desafíos de la lucha de clases. Igual que “Problemas de Organización”, que trata sobre las distintas formas de  organizar al activismo, la militancia y la periferia partidaria, adaptándose a las circunstancias y sin caer en errores oportunistas o sectarios.  

Sin embargo Moreno no caracterizó correctamente a las revoluciones de post guerra, sino que las sobredimensionó, definiéndolas como “socialistas”. No alertó que lo central no había sido la expropiación de la burguesía - Cuba, China o Vietnam - sino el fortalecimiento de los Partidos Comunistas, que las estrangularon desde adentro y utilizaron para frenar el ascenso revolucionario obrero y popular mundial. 

Moreno subestimó la ausencia de revoluciones conscientes, que sólo pueden darse cuando la clase trabajadora asume - a través de sus organismos democráticos  y su partido - la conducción de los nuevos estados proletarios, algo que en la historia se llegó a desarrollar durante períodos de tiempo muy pequeños y limitados, como en la Comuna de París o los primeros años de la Revolución de Octubre. 

Con esa caracterización Moreno desorientó a sus continuadores, que no por casualidad terminaron construyendo frentes políticos con el stalinismo, justo en momentos en que los PCs de Rusia, de China y del este europeo estaban empezando a derrumbarse debido a su propia crisis y la lucha de los trabajadores y los pueblos de esos países. 

Esta equivocación teórica desarmó política y metodológicamente a la Liga Internacional de los Trabajadores y a su principal partido, el Movimiento al Socialismo de Argentina, que estallaron por los aires dando lugar a dos tipos de tendencias: las dogmáticas, que reivindican al fundador de la corriente sin críticas - MST o IS - y las otras, que como el PTS, terminaron revisando todo, abrazándose a las concepciones mandelistas que Moreno había combatido con las mejores armas, aunque ahora bajo el ropaje teórico de Gramsci. 

Hugo Mario Bressano nos dejó pilares fuertes sobre los cuales podemos y debemos apoyarnos para hacer política revolucionaria, nacional e internacional. La mejor manera de practicar el “morenismo” no es reivindicarlo de manera acrítica, que como aquellos que tiraron todo por la borda, caminan hacia el mismo lado: el retroceso y desbarranque teórico y programático.  

El programa se debe construir como las casas de los obreros que aprovechan los cimientos sólidos que les dejaron sus padres, aunque no vacilan a la hora de tirar paredes y otras estructuras. Frente a la crisis histórica del imperialismo y los nuevos procesos revolucionarios que están dando lugar a incipientes organismos de poder obrero y popular, las bases programáticas dejadas por Moreno continúan siendo inmejorables. 

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