La debilidad inédita del imperialismo yanqui


Por Damián Quevedo

A un año del asalto al Capitolio, las instituciones en EEUU no logran recuperarse, como lo demuestra la imposibilidad del gobierno demócrata de juzgar a Trump o a alguno de los manifestantes de aquella jornada. La debilidad del ejecutivo comandado por Biden, es la mayor en la historia de EEUU, desde la guerra civil de 1860. Los demócratas no pueden saldar cuentas con un sector republicano y dar un castigo ejemplificador hacia adentro y hacia afuera del país. 

Tras no conseguir un veredicto de culpabilidad en el juicio de destitución de Trump, los demócratas crearon en julio el comité del 6 de enero como principal vehículo político para investigar el ataque del Capitolio. Pero los críticos dicen que el panel se ha movido con demasiada tranquilidad y lentitud en su trabajo.

El resultado, argumentan, es que el partido se está quedando sin tiempo para descubrir nueva información que podría convertir la amenaza a la democracia en un tema importante en la previa a las elecciones de mitad de término de noviembre. Si los republicanos recuperan la Cámara de Representantes, podrían desechar la comisión por completo[1]. 

Esta no fue la única derrota de Biden, la más importante de todas ha sido la retirada, poco decorosa, de Afganistán, en los hechos el tiro de gracia para una potencia imperialista en plena decadencia. El poder que aún conserva en el concierto mundial, se debe exclusivamente a que el resto de los imperialismos, Alemania, China y sus aliados, no están en condiciones de tomar por asalto el primer lugar. ¡Es como se dice en el boxeo, un título vacante!

El enemigo interno

El otro gran problema para el gobierno yanqui, es el proceso inflacionario que también llega a niveles históricos. Eliminando los precios de los alimentos y la energía, que tienden a ser volátiles, la inflación se situó en el 3,6%, donde ha estado desde junio. Sigue siendo una tasa muy por encima del objetivo de la Reserva Federal del 2% anual. Mientras que los precios aumentaron bruscamente, los ingresos estadounidenses crecieron a un ritmo modesto, un 0,2%[2].

Esta es una situación excepcional, un equilibrio inestable que hace que las potencias imperialistas tengan menos posibilidades para atacar a los pueblos oprimidos, aunque lo hagan, como Rusia con Kazajistán, no se encuentran en las mejores condiciones y no pueden avanzar tanto como necesitan.

La derrota de EEUU en Afganistán y su crisis política crónica, la revolución en Kazajstán y los procesos de luchas que la anteceden  dan cuenta de que los trabajadores y pueblos oprimidos están en pie de lucha, para derrotar al proceso contrarrevolucionario general, que con la excusa del Covid, está llevando adelante todo el imperialismo y las patronales más concentradas del planeta.

La izquierda debe, si no quiere quedar en el basurero de la historia, tomar una posición revolucionaria en este contexto y enfrentar abiertamente todas las políticas que, tras la máscara de la pandemia, buscan someter a la clase obrera. No hacerlo significará marchar a la rastra de la burguesía, que en su momento de mayor crisis terminará hundiendo a decenas de organizaciones que se reclaman obreras y socialistas.



[1] El Cronista comercial 08/01/2022

[2] Clarín 01/10/2021

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