El poder de los intendentes y la balcanización del régimen político


Por Damián Quevedo

La reelección de los intendentes, finalmente aprobada por la cueva parlamentaria provincial, no es solo un escándalo político que muestra el interés de los popes del conurbano en perpetuarse manejando las arcas del Estado. También puso en evidencia un proceso de fragmentación del régimen y de empoderamiento de quienes han sido, en los hechos, los únicos ganadores en las últimas elecciones.  

El kirchnerismo y un sector de Juntos votaron en el Senado y en Diputados para permitirles otro período a jefes comunales y otros cargos electivos que no podían volver a competir por la ley que lo prohibía. Los legisladores de Massa, Vidal, Espert y la Izquierda rechazaron los cambios[1]

La votación en ambas cámaras demostró que los partidos patronales continúan atravesando una crisis orgánica, cuya base es la caída económica e institucional, para la cual ninguno de ellos tiene una salida. Tanto el Frente de Todos como Juntos por el Cambio y sus colectoras (Milei, Espert y demás) son grupos que no tienen otro objetivo que no sea el de enriquecerse con la caja y los negocios que otorga el manejo de la entrega del patrimonio nacional a la voracidad de los diferentes imperios.  

Ninguno de estos partidos tiene un programa que los unifique y, mucho menos, que diferencie al Peronismo del Macrismo. Ambos acuerdan en lo básico, que es pactar, desfavorablemente para el país, con el FMI. Esto no es azaroso ni producto de la incapacidad de los y las dirigentes patronales, es en realidad una expresión de la desorientación de la burguesía local, que tampoco sabe realmente cómo salir de la crisis o, más exactamente, no puede.  

En semejante marco, la imposición de los jefes comunales debilita aún más a la institucionalidad burguesa, en un momento en el que el Capitalismo exige mayor centralización del poder, el abandono de las formas democrático burguesas y la transición hacia un régimen de carácter bonapartista, por no decir dictatorial. Esta demostración de fuerza de los intendentes, que empuja al país hacia una especie de “balcanización”, es la antítesis de esa centralidad, es, en definitiva, una fragmentación que atenta contra el dominio burgués.  

Ante esta realidad y la angustiosa situación económica y social, que afecta, como nunca, a millones y millones, la izquierda debe unirse para impulsar una centralización superadora, la de las luchas contra el ajuste y la entrega. La unificación de fuerzas para acabar con el poder de los y las de arriba, abriéndole las puertas al gobierno de los y las de abajo, apoyado en un régimen verdaderamente distinto, el de la democracia de las bases, el de la Revolución Socialista. 

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