El fin de la democracia burguesa y la perspectiva "soviética"

Por Damián Quevedo

Todo el proceso de la lucha de clases en estos últimos años, está signado por grandes cambios, que son parte de un ciclo largo de agonía del régimen democrático burgués, iniciado con los sucesos revolucionarios de 1990 en Rusia y el Este Europeo. La democracia representativa, surge como la forma política, cómo la superestructura necesaria para el capitalismo naciente, en el periodo de las revoluciones burguesas que va de 1789 a 1871.

Este régimen expresaba la necesidad de las fracciones capitalistas de negociar y repartirse el naciente mercado dentro de las fronteras nacionales. Cuando el proceso de concentración y centralización capitalista produjo un salto cualitativo a fines del siglo XIX, la aparición de los grandes monopolios y la dominación del capital financiero, es decir el nacimiento del imperialismo, implicó el fin del consenso y de la posibilidad de obtener nuevos mercados mediante la diplomacia, la guerra de 1914 significó el comienzo de la agonía histórica del régimen democrático burgués. 

La lucha de clases en esa época, puso a prueba a los revolucionarios, ya que también implicó el fin del ciclo de desarrollo solapado, relativamente pacífico, de los combates obreros y populares. Las décadas que van desde la derrota de la Comuna de París hasta la primera revolución rusa en 1905, se caracterizan por el predominio de las de formas legales y pacíficas de luchas, dominadas por el sindicalismo y el parlamentarismo. 

Esa realidad empujó a las organizaciones y partidos revolucionarios hacia posiciones centristas y reformistas, apareciendo el revisionismo, que durante la Primera Guerra significó que la mayoría de los socialistas capitularan ante la burguesía, apoyando la masacre en los de los negocios capitalistas.  

Lo principal entre lo que no comprenden los socialistas --y de aquí su miopía teórica, su cautiverio en poder de los prejuicios burgueses y su traición política al proletariado-- es que, en la sociedad capitalista, cuando la lucha de clases inherente a ella experimenta una agudización más o menos seria, no puede haber nada intermedio, nada que no sea la dictadura de la burguesía o la dictadura del proletariado.  

Todo sueño en una tercera solución es un reaccionario gimoteo de pequeño burgués. Así lo evidencian tanto la experiencia de más de cien años de desarrollo de la democracia burguesa y del movimiento obrero en todos los países adelantados como, particularmente, la experiencia del último lustro. Así lo dice también toda ciencia de la economía política, todo el contenido del marxismo, que esclarece la inevitabilidad económica de la dictadura de la burguesía en toda economía mercantil, burguesía que nadie puede sustituir de no ser la clase que está siendo desarrollada, multiplicada, unida y fortalecida por el propio desarrollo del capitalismo, es decir, la clase de los proletarios[1].

La crisis del 2008 abrió un nuevo período de caída brutal del capitalismo y revoluciones, cuyo epicentro fue la Primavera Árabe, que parió nuevos y combativos organismos de poder popular, como los consejos locales en Siria o las asambleas populares kurdas de Rojava. Ese proceso de ascenso de masas todavía resuena en los oídos de los capitalistas, que intentaron en vano recurrir al fascismo, con Estado Islámico a la cabeza, y otras formaciones, como las que existieron en Ucrania, para aplastar la revolución.

Esta imposibilidad de frenar la oleada revolucionaria, tuvo respuestas rebeldes en todo el mundo -de oriente a occidente- como las insurrecciones que enfrentaron los golpes de estado de Myanmar y Sudán o la gran huelga campesina de India, que resultó victoriosa. La Rebelión de la clase trabajadora y el pueblo de Kazajstán, es, en ese sentido, el proceso más avanzado de todos, por lo tanto el que marco el rumbo de la actual situación de la lucha de clases a nivel mundial.  

La crisis capitalista no tiene salida a corto plazo, ya que para eso se necesitaría una guerra mundial más salvaje que las anteriores, perspectiva que los imperialistas no están en condiciones de concretar, aunque la tendencia objetiva existe. Es por eso que implementaron la política de la pandemia, que hemos definido como Contrarrevolución Covid. La clase dominante utiliza la pandemia del COVID-19 como pretexto para promover una ofensiva contrarrevolucionaria tan implacable. Contrariamente a sus afirmaciones, la política de cierre y toques de queda para toda la población no sirve al propósito de la salud pública, sino más bien a los intereses de poder político de la élite gobernante y a la codicia de los capitalistas por obtener ganancias[2] 

El agotamiento histórico y político del régimen democrático burgués y las necesidades de la contrarrevolución Covid, implican un cambio profundo en la institucionalidad y la desaparición de la democracia representativa, tal como la conocemos hoy. La situación de guerra objetiva, de toda la burguesía mundial contra la clase obrera, lleva necesariamente a la desaparición de muchas de las libertades públicas que nuestra clase conquistó en siglos de luchas.  

Los capitalistas hoy sueñan con un régimen similar al que dirige la burocracia China. Sin embargo, como eso es imposible de concretar en el corto plazo, buscan acercarse a ese modelo de manera gradual, incorporando al régimen elementos de bonapartismo, que en un determinado grado lo vayan transformando en otra cosa. ¡Ya no en una democracia, aunque mantenga su formato, sino en un aparato institucional mucho más dictatorial!

Todo esto significa la entrada a un período en el que maduran las condiciones para el triunfo de la revolución socialista, por lo tanto para el resurgimiento de la democracia obrera, o, dicho de otra manera, de las instituciones democráticas que necesitan los y las de abajo para hacerse cargo del poder. ¡En ese contexto, el programa de los revolucionarios y las revolucionarias debe estar signado por consignas que ayuden a que crezcan y se extiendan los organismos de “doble poder”, que tienen un carácter asambleario!



[1] I congreso de la III internacional, 1921.

[2] http://www.thecommunists.net/

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