BlackRock, dueño del Mar Argentino y nuestros cuerpos


Por Damián Quevedo

La noticia del proyecto de explotación petrolera offshore despertó polémicas y puso en evidencia la relación del gobierno con las multinacionales, especialmente con la producción relacionada a lo que se denomina “extractivismo”.  

"La cuenca Argentina Norte queda a la altura de Buenos Aires y Río Negro. Con una profundidad que va desde los 200 a los 4000 metros, se la considera de aguas ultras profundas, más difícil de explorar. En esta área se entregaron siete concesiones a las empresas YPF, Equinor, Shell, Qatar Petroleum, Total Austral y BP Exploration"[1].

Estas explotaciones, que son características de los países semi coloniales, cuyo lugar en la división internacional del trabajo es la de producir materias primas, es altamente nociva para el medio ambiente y, generalmente, como sucede con la producción transgénica de soja, deja -después de un tiempo- un territorio arrasado, o un mar contaminado.  

El vínculo del gobierno con estas multinacionales dedicadas a la producción petrolera offshore es evidente, como también lo son las concesiones hechas por el gobierno nacional a estas empresas. Lo que a veces no es tan visible, es la relación de las petroleras con capitalistas de otras ramas de la economía.

La cuestión es que, en la época actual, la del capitalismo financiero, ya no existen empresas dedicadas puramente a una rama de la producción, sino capitalistas que invierten en varias ramas, todas vinculadas al capital financiero, como los llamados fondos de inversión, sociedades anónimas que se pierden entre miles de empresas.

 Una de estas sociedades, el fondo de inversión más grande del planeta es BlackRock, que es, a su vez, uno de los principales acreedores privados del Estado argentino. Este fondo, posee inversiones, entre muchas otras ramas, en farmacéuticas que producen las llamadas vacunas contra el Covid.  

Un caso emblemático es el de la empresa AstraZeneca, nacida en 1998 de la fusión de la sueca Astra y la británica Zeneca, lleva las miradas al otro lado del Atlántico. BlackRock, el mayor fondo de inversión del mundo, es uno de los principales accionistas, entre los que también está el banco de inversión estadounidense Goldman Sachs, Bank of America o el gigante Fidelity, que gestiona en torno a cinco billones de dólares en activos[2].

BlackRock es también uno de los accionistas del Citigroup (Citibank), que a su vez es uno de los inversores de la petrolera noruega Equinor, una de las principales apuestas del gobierno en la exploración offshore en Mar del Plata. Pero el vínculo entre petróleo, capital financiero y vacunas no termina ahí, el Estado nacional aceptó poner como garante para la compra y distribución de las "vacunas", las regalías petroleras que obtiene el Estado nacional (no la de las provincias), y ante posibles demandas por efectos colaterales ante la inoculación.  

Más allá de la cantinela nacionalista que pueda mantener el kirchnerismo, tiene una enorme tradición en la entrega de soberanía a las grandes multinacionales. La izquierda, que reclama más vacunas y la liberación de patentes, parece haber olvidado el entrelazamiento de capitales que caracteriza la época actual. La liberación de patentes no eliminaría la injerencia de las multinacionales en este mercado, porque el problema no es una cuestión jurídica, sino que es intrínseco a la sociedad capitalista.  

En este caso, lo que correspondería, más que esto, es la expropiación lisa y llana de todas las empresas monopólicas, comenzando por los laboratorios, para ponerlas a funcionar bajo el control de sus trabajadores y trabajadoras, con comisiones de científicos y científicas dispuestas a utilizar sus recursos y conocimientos al servicio de la salud del conjunto. 

En ese sentido, una de las primeras cuestiones que se tendría que hacer es investigar a fondo el contenido de los productos experimentales con los que se está inoculando a la población, ya que existen sobradas denuncias que ratifican aquel viejo dicho: “peor el remedio que la enfermedad”.

 


[1] La Nación  02/01/2022

[2] El País 01/10/2021

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