Alberto, Cristina y Guzmán, aprendices de brujos en crisis

Por Damián Quevedo 

En la película de Walt Disney, Fantasía, el ratón Mickey (imagen) que es un aprendiz de brujo, intenta realizar conjuros como su mentor, aunque falla y genera un verdadero caos. El gobierno nacional se asemeja mucho a ese capítulo de la película, como lo demostró en materia sanitaria. Sin embargo, ahora, las pócimas mágicas de Alberto, Cristina y Guzmán buscan resolver los problemas de la economía de Argentina, con los mismos resultados.  

Las maniobras del ministro de economía para que el FMI le apruebe un acuerdo que les permita renegociar la deuda, se parecen más a los hechizos del ratón de Disney, que a una política de “Estado”, como les gusta decir a los agentes políticos de la burguesía.  

En su presentación ante los diputados, Guzmán mostró un gráfico que demostraba un repunte en las exportaciones que explica un superávit de comercio de unos US$5.000 millones. En la página siguiente apareció otro gráfico indicando el inquietante derrumbe de las reservas internacionales. Los dólares que ingresan por una balanza comercial positiva se van por la imposibilidad de renegociar deudas, o la urgencia de intervenir en el mercado del dólar, al que los tenedores de pesos recurren para cubrirse de la pulverización de la moneda que provoca la inflación[1] 

Este círculo vicioso, no se resolverá pactando con el Fondo, ya que los fondos que se obtengan no servirán para financiar la “reactivación” del aparato productivo, sino que irán a pagar intereses y, en el mejor de los casos, una parte de la vieja deuda. En ese contexto, la devaluación no tendrá freno definitivo, sino todo lo contario, se profundizará debido al estancamiento de la economía local y a la recesión mundial.  

El gobierno intenta resolver un problema que no tiene solución, bajo el capitalismo, razón por la cual la prestidigitación de Guzmán no solo no sirve para salir de la crisis económica, sino que la acelerará, poniendo al país al borde del abismo. El gobierno perdió la mayoría en el senado y no solo tiene que negociar con otros partidos, debe hacerlo con cada una de las fracciones de estos y del propio, porque todos están resquebrajados. ¡Aunque adhieren a un eventual acuerdo con el FMI, ninguno quiere arriesgarse a firmar un plan muy poco serio y con expectativas irreales!  

A 20 años de la rebelión popular del 2001, el país está en medio de una crisis muy parecida en algunos aspectos, pero mucho más grave en el conjunto. El contexto internacional no otorga posibilidades de salir de esta realidad en el corto plazo. A diferencia de dos décadas atrás, el movimiento obrero ha hecho un importante recorrido y atraviesa hoy un período de reorganización, signado por la tendencia a romper con el peronismo y la burocracia sindical. Esto deja el camino libre para el crecimiento de corrientes clasistas y una nueva dirección política y gremial.

¡La izquierda que movilizó masiva y unitariamente a la Plaza de Mayo contra el FMI, debe ocupar ese lugar, disputando la consciencia obrera y popular con audacia y decisión!  Para eso, las organizaciones que se reivindican socialistas tienen que delimitarse clara y efectivamente de los partidos patronales y sus políticas, esencialmente del Peronismo, que no solo gobierna, sino que ha sido, durante décadas, el cáncer que carcomió la combatividad de los y las de abajo. Una de las banderas que debe agitar la izquierda es, en ese sentido, la del repudio a las restricciones, que Alberto y Cristina, junto a la oposición patronal, han impuesto al servicio de la desmovilización.  



[1] La Nación, 15/12/2021

Volver a página principal

Comentarios