11D: la izquierda tiene una posibilidad histórica que no debe desaprovechar


Por Guillermo Quevedo

El acto de hoy podría ser menos significativo que la concentración oficialista posterior a las elecciones, en la que el gobierno celebró la derrota. Es que el hecho más importante no será el evento en cuestión, sus oradores o la concurrencia que este finalmente tendrá, sino fundamentalmente las ausencias, como la de los burócratas de la CGT, que sin grandes declaraciones, pero de forma clara, están rompiendo con Alberto Fernández.  

La relación entre el Gobierno y la CGT entró en un punto crítico: no convocó a participar de la marcha de este viernes por el Día de la Democracia, evitará darle volumen de concurrencia entre sus afiliados y buscará evidenciar sus diferencias con el ala más cercana a Cristina de Kirchner en el entorno de Alberto Fernández[1] 

Esta ruptura muestra dos elementos centrales de la situación política actual, siendo el más visible y significativo la crisis que atraviesa el gobierno, que busca profundizar el ajuste, algo que siempre tiene un gran costo político. ¡Sin embargo el oficialismo no cuenta ni con condiciones objetivas favorables ni con la fuerza suficiente para encararlo!   

El otro aspecto, el distanciamiento de la burocracia sindical, expresa de forma distorsionada la ruptura del movimiento obrero con el peronismo, que en los hechos ya no lo dirige. Por eso los gremialistas traidores están viendo la manera de maniobrar para contener a las bases, aunque esto aún no signifique ningún giro “hacia la izquierda” o amague de combatividad.  

Esta ruptura obrera no sería ciertamente la primera, hubo varios procesos en los cuales los asalariados encararon otras formas de organización, superando a las viejas conducciones. Así sucedió cuando los sindicatos por rama industrial dejaron atrás a los viejos gremios de “oficio”, dirigidos por los anarquistas, que con ese cambio dejaron de tener la influencia que habían ganado a principios del siglo pasado.  

Así también paso cuando la conducción “vandorista” de las 62 organizaciones, durante la Resistencia Peronista al golpe gorila del 55, dio lugar a una nueva camada de burócratas más “combativos” que los que acompañaron a Perón en sus últimos meses de gobierno. En los 70 la renovación se expresó a través del clasismo, principalmente en Córdoba, donde surgió el SITRAC-SITRAM, que, junto a Luz y Fuerza y otros sindicatos e internas, se puso al frente de un proceso que gestó huelgas y movilizaciones históricas.  

En los 90, con la vuelta de la democracia burguesa, lideraron la reorganización dirigentes como Saúl Ubaldini, que ocuparon el lugar que antes tenía la "Patria Metalúrgica" de Lorenzo Miguel, sucesor de Vandor. En ese período creció el activismo obrero de izquierdo al viejo MAS, algo parecido a lo que comenzó a suceder en los últimos años, producto de la decadencia terminal de la burocracia peronista, con la construcción de agrupaciones combativas, varias de las cuales ganaron comisiones internas y unos pocos sindicatos.

Lo más característico de este momento es que el capitalismo no ofrece recursos y condiciones para el sostenimiento de las viejas capas burocráticas, empujando a las bases a superarlas, que protagonizarán, más temprano que tarde, conflictos muy radicalizados y por fuera de los “cuerpos orgánicos”, apoyándose en las asambleas de base y, casi seguramente, los cuerpos de delegados y las agrupaciones combativas.  

La izquierda revolucionaria tiene la posibilidad de presentarse como opción política y sindical, conteniendo y organizando a la nueva vanguardia. ¡En ese marco, el FITu, aunque haya sacado muchos votos obreros, no está en condiciones de hacerlo solo, porque no tiene la inserción obrera que requieren las circunstancias! La izquierda, trabajando unificadamente, está en mejores condiciones de lograrlo, sumando las influencias que cada uno de los grupos hoy por hoy tiene, a lo largo y a lo ancho del país.  

Por esa razón, la movilización del 11 de diciembre a la Plaza de Mayo puede convertirse en el primer gran paso hacia la puesta en marcha de esa nueva conducción proletaria. Para que esto ocurra, los partidos que tuvieron el mérito de ponerse al frente de la convocatoria, PTS, PO, IS y MST, deben dejar de lado las mezquindades electoralistas que los caracterizan, "abriéndole el juego" a todas las organizaciones y dirigentes que están dispuestos a seguir este rumbo. 

¡Desde CS sumaremos todos nuestros esfuerzos y recursos para avanzar en ese sentido, militando con pasión, lealtad y disciplina, ya que la posibilidad de que el movimiento de masas cuente con una dirección socialista es la tarea central del momento histórico que nos toca vivir!

[1] Ámbito financiero 10/12/2021

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