Ramos Mejía y la izquierda que se abstiene de responder a la inseguridad
Por Juan Giglio
Un kioskero muerto a balazos por lúmpenes que intentaron
robarle provocó la reacción, comprensible, de cientos de vecinos y vecinas
que ganaron las calles de Ramos Mejía repudiando lo sucedido y cuestionando al gobierno y su aparato policial.
La movilización, que fue reprimida por los uniformados de Berni, Kiciloff y Alberto, motivó todo tipo de
debates y declaraciones, que fueron desde la oposición patronal hasta la izquierda.
Los opositores patronales de derecha aprovecharon las
circunstancias para cargar las tintas sobre el gobierno y reclamar más policía y
represión. Lamentablemente, ninguno de los representantes parlamentarios de la
izquierda se hizo presente en Ramos Mejía, para solidarizarse con los
familiares y amigos del pequeño comerciante asesinado y presentar una propuesta
alternativa.
La izquierda debe disputar la consciencia de los sectores obreros y populares que se movilizan por la inseguridad. ¡Si no lo hace será responsable de que
ocupen su lugar los Blumberg, Bullrich, Berni o Espert, que agitarán, como representantes
reaccionarios de la burguesía, consignas al servicio del reforzamiento del
aparato represivo, que los de arriba utilizan para mantener en línea a la clase
trabajadora y el pueblo pobre!
Un ejemplo de la ausencia de este tipo de políticas, es el PTS,
que en su artículo destinado a cubrir los hechos de Ramos Mejía, no sólo no parte de solidarizarse con
las víctimas y de repudiar la represión policial, sino que se centra en denunciar el peligro del crecimiento de la “derecha”, coincidiendo con el sector más “progre” del gobierno, que se expresa a través de Página 12. La único propuesta del PTS, si es que se la puede considerar como tal, es atacar de raíz un
sistema completamente decadente como el capitalista.
La indignación de
muchos familiares es comprensible. Han perdido seres queridos. Pero también se
escuchan o ven declaraciones que piden pena de muerte o hablan de “cortar
manos”. Son declaraciones fascistizantes, que terminan convirtiendo a los
sectores más pobres en parias sociales, en enemigos a los que prácticamente hay
que borrar. Que alientan a la Policía -aunque hoy la critiquen- a disparar
contra los jóvenes pobres. Que habilitan un discurso de derecha que propone
solucionar todo con cárcel y condenas más duras.
Ese discurso
reaccionario no es solo de la derecha de Espert o Santilli. Es también el de
Sergio Berni y sectores del oficialismo muchas veces. De hecho, la principal
campaña del intendente Fernando Espinoza pasa por este tema, publicitando nuevos
patrulleros, más gendarmes y más cámaras. Es el discurso de criminalización de
la pobreza y de la protesta. Un discurso represivo que, muchas veces, también
va dirigido contra los inmigrantes.
Si se permiten estos
discursos se habilitan salidas aún más reaccionarias. De esta locura derechista
solo se puede salir atacando los intereses de los más poderosos. Poniendo en
cuestión la riqueza de una clase capitalista que amasa fortunas mientras
millones se hunden en la miseria y la crisis social aguda. Atacando seriamente
los intereses del gran empresariado. Algo que ni el macrismo ni el peronismo
quieren hacer, más allá de los discursos diferenciados.
Para salir de esta
locura hay que ir más allá de los discursos sensacionalistas y la demagogia
derechista. Hay que atacar de raíz un sistema completamente decadente como el
capitalista. La historia -reciente y no tanto- demuestra que las recetas de
mano dura que se proponen y aplican siempre han fracasado. Solo acabando con
una sociedad desgarrada y desigual se puede enfrentar seriamente este agudo
problema social. (La Izquierda Diario, 9 de noviembre)
Con el criterio del PTS, cuando los trabajadores luchan por
aumento de salarios o contra los despidos, desde la izquierda habría que decirles que no existe ninguna salida dentro del actual sistema, que sólo peleen por el Socialismo. ¡Aunque esto es
cierto, en términos estratégicos, cualquier militante de izquierda sabe que, mientras peleamos contra el Capitalismo proponemos luchar contra el deterioro del poder adquisitivo de los sueldos o para evitar las cesantías!
Lo mismo debemos hacer cuando nos dirigimos hacia las capas medias, no proletarias de la sociedad, especialmente cuando se movilizan por cuestiones tan sentidas como es el tema de la “inseguridad”. Debemos tratar de ganarlas para que vean que la salida no es por derecha y con los
representantes de la patronal, sino por izquierda y con la clase trabajadora al
frente. Desde CS decimos, que para enfrentar la
delincuencia, el narcotráfico, la trata y otras lacras producidas por la
decadencia del capitalismo, hay que organizar piquetes de defensa obreros y populares.
Reproducimos dos artículos que escribimos al respecto en 2006 y 2014, partiendo de hechos parecidos a los que explotaron en Ramos Mejía y que, en la medida en que la situación de crisis y miseria se profundice, continuarán ocurriendo, aunque con mayor intensidad y niveles de radicalización:
Nota de 2006: ¿Cómo responder al tema de la inseguridad desde la clase trabajadora?
Es necesario decir, en primer lugar, que la violencia criminal es un sub-producto del sistema político, económico-social. El desempleo, la crisis económica, la despiadada lucha de clases que desarrolla el capitalismo contra los trabajadores y el pueblo (incluida la represión) causan la criminalidad y la violencia.
Aún en momentos de agudas crisis sociales, si existen situaciones de movilizaciones de masas o revoluciones, estas generan un fenómeno de aislamiento y disminución del crimen. Es así, porque los obreros y el pueblo recuperan la esperanza que la sociedad puede cambiarse. La burguesía y la derecha, en momentos de crisis como la actual, buscaran profundizar la legislación y acción represiva para no solo combatir el crimen de hoy sino para aplastar al movimiento obrero y sus luchas mañana.
Nota de 2014: Frente al avance de la delincuencia: ¿Propaganda Socialista o Autodefensa Obrera y Popular?
En abril de 2014, las imágenes de una turba pegándole a un arrebatador en el coqueto barrio de Palermo o las de un grupo de vecinos matando a golpes a un pibe en Rosario, obligaron a posicionarse a todos, una situación parecida a la que está aconteciendo ahora, ya que el avance de la marginalidad está repitiendo situaciones de “justicia por mano propia”.
En ese momento, como en la actualidad, los defensores de las “buenas costumbres” -capitalistas- y los periodistas del stablishment oficialista y opositor, salieron a condenar cualquier posibilidad de “autodefensa”, exigiendo la presencia del estado, de manera de garantizar seguridad y justicia. Sin embargo, hechos parecidos a los que sucedieron -durante esa época y ahora- en las zonas más exclusivas de las principales ciudades, se vienen produciendo -con más frecuencia y desde hace más tiempo- en los barrios más humildes, donde las víctimas fatales de la “inseguridad” son moneda más que corriente.
Allí las muertes y lesiones a causa de robos y asaltos, están provocando reacciones -duras y organizadas- por parte de los vecinos contra los lúmpenes que atentan contra sus escasas pertenencias y sus propias vidas, abundando los ejemplos de acción directa contra chorros, tranzas, violadores y todo tipo de marginales, reclutados -para delinquir- por los comisarios.
La violencia tiene signo de clase
Consideramos que la violencia, como tal, no es “mala” ni es “buena” en abstracto, sino que depende de quién, cómo y por qué la aplique. En ese sentido, estamos en contra de los linchamientos de arrebatadores y chorritos de poca monta en las zonas “vip”, ya que son el caldo de cultivo para que las clases acomodadas alimenten el odio y las sospechas de las clases medias contra los pobres y los excluidos.
Por esta vía se está incubando el “huevo de la serpiente” de soluciones fascistoides contra la clase obrera y sus luchas. Al mismo tiempo, rechazamos tajantemente las presiones de la “opinión pública” que recomienda mirar para otro lado cada vez que compañeros y compañeras de nuestros barrios y lugares de trabajo sufren ataques, robos, violaciones o asesinatos.
La cobardía e hipocresía de quienes denuncian la supuesta “ausencia del Estado”, como causante de la inseguridad, va de la mano de los argumentos un sector de la izquierda y del “progresismo” pequeñoburgués, que atribuye los linchamientos -en general- a una campaña de la “derecha” contra los pobres.
Con este razonamiento confluyen los representantes de la burguesía con los izquierdistas -pacifistas y moralistas- defendiendo en los hechos el monopolio de las fuerzas represivas por parte del Estado. ¡Por eso, todos ellos repudian cualquier hecho de justicia por mano propia como una cuestión de principios! Sin embargo, no es la ausencia estatal lo que genera esta espiral de violencia, sino la existencia de un estado recolonizado, sometido a los designios de las multinacionales, la que provoca la mayoría de los males que sufre la sociedad.
Los representantes de la clase dominante que están al frente de las instituciones, son los mismos que, además de enriquecerse entregando el país, administran o son socios de los negocios más rentables del crimen organizado, como el narcotráfico, las redes de trata, los desarmaderos, el contrabando, etc. Macri, Cristina, Massa, el Papa Bergoglio y compañía conforman un entramado mafioso que maneja -para sus negocios y los negocios de los monopolios que defienden- a los punteros, los comisarios, los diputados, los senadores, los concejales, los intendentes, los gobernadores, los jueces, los burócratas sindicales, etc.
Una red, que extendida a nivel nacional, provincial y municipal, llega con sus tentáculos a los barrios más humildes, cuyos habitantes sufren la inseguridad diariamente, ya que están a merced del jefe de calle, el comisario o el puntero, asociados con los narcos, los capos de los prostíbulos y los reducidores, quienes a su vez son amparados por los jueces y los fiscales. O las barriadas obreras se someten a esta “ley” -la de los más fuertes- o bien se organizan para ejercer su legítima defensa, enfrentando sin piedad a los criminales enquistados en las instituciones del estado, que manejan todo tipo de marginales, que no dudan en robar y matar obreros y gente pobre.
Desde Convergencia Socialista de Combate apostamos a la organización de los trabajadores y sectores populares, que con sus acciones más expeditivas están mostrando que el único camino para responder a la violencia de los de arriba y a la “marginalidad” provocada por la putrefacción del sistema capitalista, es poniendo en pie sus organismos de autodefensa.
Esta será la mejor forma de impedir que los narcos, traficantes de mujeres, desarmadores de autos, piratas del asfalto y demás profundicen su avance sobre amplísimos territorios, reclutando como clientes o “soldaditos” a los hijos de la clase obrera. La mejor manera de hacer retroceder y desmantelar -entre otras- a las redes de trata y las cocinas del paco.
