Ramos Mejía no es Harvard, es La Matanza

Por Damián Quevedo

La protesta contra la inseguridad en Ramos Mejía puso en evidencia una situación que en apariencia, era ajena al país. La otra noche,  una multitud de vecinos marchó hacia la comisaría 2° que está a tres cuadras de donde Roberto Sabo fue asesinado de un disparo en la cabeza el último domingo. Un triple vallado policial impidió que la gente se acercara. Hubo forcejeos, gases lacrimógenos, botellazos, piedrazos y el grito de “que se vayan todos” contra políticos, jueces y legisladores, y un pedido constante por seguridad[1] 

Una semana antes de las elecciones, el gobierno reprime una manifestación popular en el principal distrito electoral del conurbano, no en cualquier escenarios sino frente a un sector de la población fuertemente sensibilizada por un hecho de inseguridad, por el que responsabiliza al gobierno y a las instituciones en general. ¡Esto ocurrió en La Matanza no en Harvard (parafraseando a Cristina Fernández)! Sin embargo, el progresismo y cierta izquierda que le capitula, acusa a los manifestantes de "hacerle el juego a la derecha" o promover el endurecimiento del código penal. 

La cuestión a dilucidar, más allá de que existan sectores que pretendan apropiarse de esta acción para impulsar algunos reclamos en ese sentido, es dilucidar qué clases sociales o fracciones de las mismas se movilizaron y, en ese marco, cuáles fueron las consignas más relevantes. Las crisis económicas y políticas crean condiciones concretas, independientes de la voluntad de los partidos políticos o de los individuos, para generar este tipo de estallidos o rebeliones espontáneas, que juntan a la clase trabajadora con sectores de las clases medias, como kioskeros y pequeños comerciantes. ¿O 2001 no expresó esa confluencia con la consigna "piquete y cacerola, la lucha es una sola"?

Eso ocurre en el marco de situaciones de carácter "pre revolucionario", como la actual. Momentos en los que cualquier atropello contra las masas, desde despidos en una fábrica hasta un crimen como el de Ramos Mejía, desatan la bronca acumulada por todos los atropellos anteriores. En los años 90 el crimen de María Soledad Morales, una niña de la clase media catamarqueña, desató enormes movilizaciones contra el gobierno de esa provincia, que fueron parte del proceso de movilizaciones en todo el país contra el avance del neoliberalismo, como el "Chubutazo". 

Más atrás en la historia, la primera revolución rusa, la que tuvo lugar en 1905, tuvo su punto de inflexión o salto adelante en el llamado "domingo sangriento", una manifestación plagada de símbolos religiosos encabezada por el cura Gapon. Esta acción, que fue promovida por la burguesía rusa,  pretendía canalizar las huelgas y protestas del momento, a través de un tibio y pacífico pedido al Zar. La respuesta del gobierno fue una represión sangrienta, la de las masas, la insurrección.  

Los socialistas, a la hora de analizar una situación y posicionarnos sobre la misma, debemos estudiar los hechos, las causas de fondo y la dinámica que puede desarrollarse en un contexto determinado. No podemos guiar nuestra política por lo que algunas personas, o incluso muchas, piensan de la situación, sino por como actúan y qué fuerzas los impulsan a movilizarse. 

En ese sentido, estamos convencidos de que la manifestación en Ramos Mejía no expresa el avance de ninguna "derecha" o "golpe blando" -como diría Tolosa Paz- sino que objetivamente fue un cuestionamiento al régimen. Esto es así, no solo por lo que significa la multitudinaria marcha hacia una comisaría y el choque físico con la policía, sino también porque a pocos días de Diciembre, se vuelve a escuchar la consigna "que se vayan todos". ¡De esto debe tomar nota la izquierda y no detenerse en los dichos de algunos candidatos de la oposición patronal! 


[1] Infobae 08/11/2021

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