Lucas, otro crimen de la yuta contra la juventud


Por Samuel Noyola

Hace tan solo horas Lucas Gonzáles, el jugador de Barracas Central baleado por la policía de Larreta, falleció. Con apenas 17 años no llegó a ser noticia por sus goles o gambetas, sino por su muerte, un nuevo asesinato a sangre fría a manos de la yuta. El miércoles, Lucas y tres amigos se retiraban de un entrenamiento, cuando de un auto descendieron tres policías de civil. Los jóvenes huyeron creyendo ser víctimas de un robo y recibieron 12 balazos. 

Su familia, junto a amigos y sectores solidarios se movilizaron a la comisaria de Barracas para denunciar este brutal crimen, que materializa las terribles condiciones a la que son sometidos chicos y chicas de nuestros barrios en la ciudad, con la policía de Larreta, en el conurbano del “cowboy” Berni y en el resto del país con las fuerzas represivas provinciales.

Pese al intento de hacer pasar a Lucas y sus amigos como delincuentes, la presión popular puso blanco sobre negro, desnudando el accionar de un régimen que recurre a la represión para aterrorizar y desmovilizar a la juventud obrera. A días de las elecciones los medios debieron hacerse eco de este nuevo caso de Gatillo Fácil que profundiza la crisis política. La movilización logró la separación de los policías, aunque aún no han sido detenidos, sino “investigados”, como anunció el ministro de seguridad porteño.

Distintos funcionarios, entre ellos el presidente, tuvieron que pronunciarse para evitar ser salpicados por esta práctica de criminalización de la juventud, similar a cuando yuta de Berni secuestró y mató a Facundo Castro durante la cuarentena estricta. No hay manera de imponer justicia que no sea mediante la movilización hasta que caigan todos los responsables. Tampoco será la federal u otras fuerzas las que investiguen en serio, tendrá que conformarse una comisión independiente, encabezada por los familiares de Lucas, e integrada por organismos de derechos humanos independientes.

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