El populismo es, hoy por hoy, el principal enemigo de los pueblos

Por Damián Quevedo 

El pasquín oficial Página 12 publicó parte de una entrevista radial a Evo Morales y Álvaro García Linera, en la que se despacharon nuevamente agitando el fantasma de la derecha (esa generalidad vacía que estos personajes utilizan para justificarse) y los supuestos golpes de Estado que se estarían gestando contra ellos mismos, por ser tan “progresistas”.  

Evo Morales y Álvaro García Linera tienen una certeza: es necesario que Bolivia y América Latina cuiden y preserven la democracia de los intentos golpistas que sacuden a la región. "Hay pequeños grupos muy racistas que nos preocupan", dice Morales. García Linera asiente, y suma: "El riesgo de un golpe está presente en Bolivia, en América y en el mundo"[1]  

Esta estratagema fue esbozada por la candidata oficial del Frente de Todos, Victoria Tolosa Paz, que en medio de la campaña señaló el peligro de un golpe blando contra Alberto Fernández.  

Victoria Tolosa Paz sostuvo esta mañana que la oposición prepara un “golpe blando” antes de las elecciones legislativas del 14 de noviembre. La primera candidata a diputada nacional del Frente de Todos (FdT) por la provincia de Buenos Aires apuntó contra Juntos por el Cambio (JxC) porque según ella quiere “debilitar al Gobierno” y “generar condiciones muy adversas”.[2] 

En un contexto internacional en el que los capitalistas buscan implementar regímenes más restrictivos, de tipo bonapartistas, un golpe de Estado puede ser una opción en donde la situación lo permita, como sucedió en Egipto, Myanmar o Sudán, sólo por citar algunos ejemplos. En esos casos los capitalistas buscan imponer gobiernos que les garanticen el ajuste y el control del movimiento de masas.

Para esa tarea también están los gobiernos populistas, que no sólo practican la demgagocia, cada vez más devaluada, también la represión más dura, como lo demuestran Maduro y Ortega, que se han convertido en dictadores “nacionales y populares”. Tantos aquellos como los nuestros, siempre, absolutamente siemre, agitan el fantasma “golpista” para justificar su propia debacle y contener al progresismo que le oficia de claque.  

La salida de Evo Morales del gobierno boliviano fue un acto circense acordado entre el MAS y la oposición, que en el fondo sirvió para preparar su retorno al gobierno, aunque sin el cacique cocalero, que tuvo que guardarse debido a su gran impopularidad. Para el caso de Argentina, la idea de un golpe no es más que un delirio desesperado de un partido político, el Peronismo, que se hunde.  

Las asonadas militares, más allá de quien las ejecute, son decididas por los grandes capitalistas para imponer mejores condiciones para sus negocios. Ni acá ni en Bolivia las necesitan, porque Evo Morales y el Peronismo han sido los mejores guardianes de sus intereses, por lo tanto más que eficientes a la hora de aplicar el ajuste contra los trabajadores y el pueblo.  

No es casual, que estos medios de comunicación -que son la voz del progresismo vernáculo, como Pagina12- no digan nada de Nicaragua, donde Daniel Ortega (que se cansó de asesinar al pueblo nicaragüense) encarcela a opositores políticos, realiza una pantomima de elecciones y nombra a su esposa, copresidenta. Tampoco hablan de las atrocidades de la dictadura venezolana, de sus aliados sirios, con el genocida Al Assad a la cabeza, o del envenenador Vladímir Putin.  

Los populistas son en América Latina y en Argentina, por ahora, la mejor garantía del ajuste que necesita el imperialismo, más allá de sus discursos. La izquierda revolucionaria debe denunciar siempre y con mucha contundencia estas maniobras, cuyo propósito no es otro que el de victimizar a los verdugos del pueblo. Quienes sostienen las banderas del Socialismo deben, sí o sí, señalar que tanto el peronismo como sus imitadores del resto de Latinoamérica, chavismo, sandinismo, etc, son, hoy por hoy los principales enemigos de los y las de abajo.

Por todo esto, es necesario, más que nunca, construir una herramienta de la clase obrera, independientemente de los gobiernos y que no caiga ante los cantos de sirena del progresismo. Existen en el mundo enormes condiciones para pelear por una nueva sociedad, por una revolución que barra con toda la miseria y la opresión a la que nos somete el capitalismo.



[1] Página12;  06/11/2021

[2] La Nación 25/10/2021

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