Cambio climático: sin revolución socialista se destruirá el planeta


Por Damián Quevedo

La Cumbre número 26 sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas, se produjo en el contexto de la mayor crisis económica del capitalismo de toda su historia. El derrumbe de la globalización, el proceso de relocalización de empresas -sobre todo capitales yanquis- que se retiran de China y la crisis energética en curso, hacen que las declaraciones de los gobernantes sobre reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, carbono, metano, etc. carezcan de peso alguno en la realidad.  

El presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, por ejemplo, ha fijado el objetivo de crear "un sector energético libre de contaminación por carbono para 2035 y una economía de emisiones netas cero a más tardar en 2050". Por desgracia, ese objetivo tendrá un valor prohibitivo. Un nuevo estudio publicado en la prestigiosa revista Nature muestra que el costo de una reducción del 95% para 2050, casi el cero neto de Biden, costaría el 11,9% del PBI o más de 11 mil dólares actuales para cada estadounidense por año. (Perfil 01/11/2021). 

El capitalismo se debate hoy entre el cambio climático y la crisis energética, empujada por un ciclo largo de desinversiones en las materias primas, como el carbón, que se utilizan para producir energía. La escasez de estas materias primas podría presionar el precio de otras, como el petróleo, empujando una escalada inflacionaria mundial. 

Bank of America (BofA) pronosticó que el precio del barril de petróleo podría superar los u$s 100 -por primera vez desde 2014- y, eventualmente, podría impulsar una segunda ola inflacionaria en el mundo si coinciden tres fenómenos: crece el consumo de petróleo como consecuencia del alto precio del gas, un pico de consumo por un frío invierno boreal  y mayor demanda de vuelos a medida que se reabren las fronteras. (El Cronista 04/10/2021). 

Estos elementos, nuevos para el capitalismo, son el producto de siglos de destrucción del planeta y contaminación ambiental que ponen al planeta al borde de una verdadera catástrofe. Sin embargo, más allá de las declaraciones de los gobiernos o de entes como la ONU, la anarquía propia de la producción capitalista hace imposible revertir este proceso destructivo, que no es otra cosa que el resultado de un sistema que no tiene nada progresivo que brindar.  

La única posibilidad para detener este proceso de deterioro ambiental está en manos de la clase obrera. Para eso, los y las de abajo deben proponerse, con una dirección revolucionaria a la cabeza, destruir al Capitalismo y, sobre sus cenizas, construir una nueva sociedad, donde la planificación sustentable reemplace al mercado anárquico y destructivo.  

De esa forma existirán posibilidades concretas de revertir el declive y la destrucción de la naturaleza, creando un mundo nuevo, en el cual la producción estará guiada por las necesidades de la mayoría de la humanidad y no por el lucro y las ganancias de un puñado de capitalistas. Para eso, la tarea de los luchadores y las luchadoras consecuentes, es poner en pie el Estado Mayor de la Revolución Mundial que organice las próximas rebeliones.

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