Por Ernesto Buenaventura
El de noviembre de 2016, a los 90 años de edad, falleció Fidel Castro, que de joven militó en el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), una organización nacionalista burguesa creada en el año 1947 por Eduardo Chibás Ribas, que no se proponía medidas socialistas sino la limitación del accionar de los monopolios yanquis y la lucha contra la corrupción administrativa en el estado, de allí que su principal símbolo fuera la escoba.
En 1952 tomó el poder Fulgencio Batista a través
de un golpe de estado y, en 1955, con la dirección del hermano de Chibás -que
se había suicidado. En ese contexto, se hizo un congreso de la militancia del Partido Ortodoxo,
estimulado por la juventud -a la cual pertenecía Fidel- que terminó imponiendo
una línea insurreccionalista para acabar con la dictadura.
El 26 de julio de 1953 Fidel lideró un
operativo de asalto al cuartel de la Moncada en Santiago de Cuba, razón por
la cual el grupo que lideraba terminó adoptando ese nombre. El asalto fracasó y
sus cabecillas fueron hechos prisioneros. Fidel Castro logró la amnistía en
1955, pasando a organizar el M26-J en la clandestinidad.
Procedentes del exilio mexicano, en el 56 el
grupo -en el que ya militaba Ernesto “Che” Guevara- entró clandestinamente a la
isla, estableciendo su cuartel general en la Sierra
Maestra, comandando una intensa lucha armada, que al combinarse con las
movilizaciones y huelgas generales urbanas, terminaría derrocando a Batista a
finales del 58.
El viaje hacia Cuba fue realizado a bordo de un
yate denominado Granma, donde viajaban 82 guerrilleros del M-26-J que
desembarcaron en la zona de los Cayuelos, cercana a la playa Las Coloradas, en
la zona oriental de la isla. El grupo, que se instaló en las laderas de la
Sierra Maestra, no tuvo mucha suerte y terminó reduciéndose a 20
personas.
El triunfo de la Revolución
El 1° de enero de 1959 las fuerzas encabezadas
por Fidel Castro ingresaron victoriosas a Santiago de Cuba, obligando al
dictador Fulgencio Batista a escaparse a los EE.UU. Una semana después, el 8 de
enero, una huelga general había derrotado las maniobras de la dictadura, facilitando el
ingreso del Ejército Rebelde a La Habana, que fue recibido por una
multitud.
En esa época, Cuba enfrentaba una grave situación
debido a la caída de la demanda de su principal producto de exportación, el
azúcar, además de una tremenda dependencia económica y política del
imperialismo yanqui, que era el dueño de todo, como las “empresas” relacionadas
a la prostitución y el juego, que pertenecían a la mafia.
En 1958 la mortalidad infantil se situaba en los
60 niños por cada 1000 nacidos vivo, el analfabetismo era superior al 30% y la
falta de vivienda asolaba a los habitantes de las ciudades. En el campo los
terratenientes explotaban despóticamente a una masa gigantesca de campesinos
despojados y peones rurales.
El programa original de los revolucionarios no
era otro que el de restaurar la constitución burguesa de 1940, junto con
realizar una tímida reforma agraria que aliviara un poco la tremenda situación
que vivía el campesinado. Para conseguir esto, el M26 se planteaba la necesidad
de un gobierno de unidad con el resto de las fuerzas capitalistas
opositoras.
Sin embargo, la debilidad del imperialismo, que
en esa época había concentrado toda su atención y poderío en la guerra de
Corea, más la presión de la lucha de los obreros y campesinos, obligaron al M26
a radicalizarse, llevándolo a plantear la necesidad de reformas agrarias muy
audaces y la expropiación de las propiedades imperialistas.
Otro elemento importante fue la destrucción -a
través de la guerra de guerrillas y la huelga general de cinco días previa a la
toma de la Habana- del ejército regular, que fue reemplazado por las milicias
del Ejército Rebelde, que no estaba integrado por hijos de los capitalistas
como los viejos oficiales, sino por peones rurales, obreros y campesinos.
La radicalización objetiva del proceso cubano
asustó a la burguesía y al imperialismo, que inicialmente miraron con simpatía
a los “barbudos”. Por eso, se decidieron a boicotear al gobierno, empujándolo a
girar a la izquierda. Los roces empezaron a sucederse alrededor de la creación
de los tribunales revolucionarios y la reducción de alquileres y tarifas.
La relación se tensó en mayo de 1959, cuando se
dictaminó la Ley de Reforma Agraria, razón por la cual el presidente Urrutia
expulsa a Fidel Castro de su puesto gubernamental. La movilización obrera y
campesina lo restituyó en su cargo, lo que obligó a la renuncia de Urrutia, que
terminó dejándole al Ejército Rebelde.
Ernesto Guevara definió a todo esto como una
“Revolución de Contragolpe”, explicándola como un proceso dentro del cual cada
vez que se respondía a los ataques de los burgueses nacionales e
internacionales se empujaba al gobierno a la ruptura con los capitalistas.
Mientras tanto, la movilización de los trabajadores y el pueblo multiplicaba
esta presión.
El 29 de junio de 1960 se intervino la Texaco y
el 1º de julio, la Esso y la Shell (en este mismo mes EE.UU. suspendió la
compra de azúcar a Cuba como presión económica). En agosto son nacionalizadas
todas las compañías norteamericanas de los sectores petrolero, azucarero,
telefónico y eléctrico.
En octubre se nacionaliza la banca (nacional y
extranjera) y casi 400 grandes empresas (centrales azucareros, fábricas,
ferrocarriles) y se sanciona la Ley de Reforma Urbana dando la propiedad de su
vivienda a miles de inquilinos. EE.UU. continúa presionando en todos los terrenos
y Cuba comienza a recostarse en la Unión Soviética.
En enero de 1961 los norteamericanos rompieron
relaciones y en abril la CIA organizó la invasión de exiliados o gusanos, a
Bahía de los Cochinos. Las milicias, en las que combatieron el trotskista argentino
Bengoechea y un grupo de militantes enviados por Nahuel Moreno, derrotaron la
incursión, luego de la cual se proclamó el carácter socialista de la
revolución.
Un estado obrero deformado
A pesar de todo esto, la Revolución no parió un
Estado dirigido por los trabajadores y el pueblo a través de organismos
democráticos -como la Asamblea de la Comuna de París de 1871 o los soviets
rusos del 1917 a 1924- sino un gobierno de características burocráticas,
apoyado en la fuerte autoridad de Fidel Castro y su hermano Raúl.
En ese marco, el castrismo se vio obligado a
apoyarse en los burócratas de la ex URSS, de la que dependían económicamente,
facilitando la tarea de los comunistas rusos, que terminaron copando la
Revolución, política e ideológicamente, ganando a los comandantes para la
concepción de la revolución “por etapas” y la coexistencia con el
Capitalismo.
Esta teoría era contraria a la que planteaba el
Che Guevara, que convocaba públicamente a la vanguardia a hacer “Uno, Dos, Tres
Vietnam”. ¡No es ninguna casualidad que el guerrillero haya caído en Bolivia-
portando dentro de su mochila un libro fundamental de Trotsky: La Revolución
Permanente!
Una de las anécdotas de Ángel Bengoechea
confiadas a su amigo Horacio Lagar, explicaba que, luego de la batalla de Bahía
Cochinos, donde el “Vasco” combatió lastimado, Guevara les habría dicho a los
argentinos que estaban en la isla: “Si ser trotskista es ser como el
“Vasco”… yo también soy trotskista” (Testimonios de Horacio Lagar,
Editorial El Trabajador).
La adhesión de Fidel y Raúl a las teorías del PC
de la ex URSS y el carácter burocrático del nuevo régimen post Fulgencio
Bastista, fueron mortales para el gobierno revolucionario, que luego de la
muerte del Che, dejó de promover su extensión y comenzó a dar pasos de calidad
hacia la restauración capitalista plena, que hoy ya está totalmente
consumada.
Los acuerdos con Obama para la introducción de
empresas imperialistas en Cuba fueron un golpe demoledor y definitivo, un
retroceso económico que tuvo sus jalones políticos en la década del 70 en Chile
y en la del 80 en Nicaragua, cuando en esos países se desarrollaron las
condiciones para hacer triunfar a una nueva revolución de carácter
Socialista.
No hacer de Nicaragua una nueva Cuba
Utilizando todo su prestigio, Fidel se dirigió
varias veces a las masas chilenas -que eran gobernadas por el socialista
Salvador Allende y la Unión Popular- para decirles que “No debían
construir una nueva Cuba”, lo que en otras palabras significa que “no tenían
que expropiar a los capitalistas” ni destruir su ejército, que acabó con
Allende mediante un golpe.
Cuando a fines de los 70, los trabajadores y el
pueblo de Nicaragua derrotaron a la dictadura de Anastasio Somoza con una
combinación parecida a la del proceso cubano -guerrilla, huelgas generales y
quiebre de las Fuerzas Armadas- Fidel se dirigió al pueblo victorioso para
repetir lo que había dicho en Chile: “No hagan como en Cuba”.
El gobierno del Frente Sandinista de Liberación
Nacional, copado por los stalinistas cubanos, abortó cualquier posibilidad de
avanzar hacia las expropiaciones y la realización de una reforma agraria,
transformándose con los años en un gobierno burgués tradicional, que defiende
coherentemente los intereses de los empresarios nacionales e
imperialistas.
Esto no fue casual, ya que Fidel antes de los
acontecimientos de Chile y Nicaragua, había apoyado fervientemente la invasión
de los tanques soviéticos a Checoeslovaquia, que fueron para aplastar la
“Primavera Checa”, una revolución obrera y popular contra la burocracia
stalinista, a favor de la democracia directa y del socialismo.
Fidel Castro apoyó el golpe de estado del general
Jaruzelsky en Polonia en el año 1981, contra los trabajadores que construían
sus nuevos sindicatos democráticos, denominados Solidaridad. El argumento fue
el mismo que utilizó en Checoeslovaquia, o sea el de salir a “defender el
socialismo”, que de eso no tenía nada, salvo el nombre.
Fidel retrocedió tanto que, rememorando sus
inicios como militante de la juventud del Partido Ortodoxo y del catolicismo,
se arrodilló frente a la institución más reaccionaria de la humanidad, la
Iglesia Católica Apostólica Romana, con cuya mediación él y su hermano
promovieron la rendición incondicional de las FARC en Colombia.
Fidel y Raúl sostienen al gobierno de falso
socialismo venezolano y al dictador sangriento de Siria, Bahsar Al Assad,
asesino de cientos de miles de compatriotas, uniéndose para esta cruzada
genocida con el representante del imperialismo ruso, el “Zar” Vladimir Putin,
que provee a la dictadura de aviones y armas de destrucción masiva.
No lloramos al responsable del retroceso de la
Revolución
Como revolucionarios y revolucionarias no podemos
dejar de admirar la heroicidad de los guerrilleros que bajaron de la Sierra
Maestra y, empujados por las circunstancias, se vieron obligados a construir
una revolución que fue más allá de lo que pretendían. Por lo tanto, debemos
asumir, aprender y socializar sus mejores enseñanzas.
Todo eso debe transformarse en una guía para
los/as trabajadores/as que luchan contra sus patrones y gobiernos. Debe ser
utilizado como ejemplo, porque demuestra la posibilidad de derrotar a los
imperialistas y porque pone en evidencia que las medidas socialistas son
capaces de resolver problemas elementales que el capitalismo ya no puede
solucionar.
Sin embargo, como admiradores del Che Guevara,
que fue el que más trató de hacer y extender la revolución, extendiéndola hacia
el resto del planeta, no vamos a derramar una sola lágrima por la muerte del
burócrata stalinista Fidel Castro, que terminó traicionando a la Cuba
Socialista que él mismo ayudó a construir.
Desde esa ubicación seguiremos bregando por la
unidad de los revolucionarios para poner en pie partidos que estén guiados por
la estrategia de construir poder obrero y popular democrático, impulsando los
órganos de autodeterminación y autodefensa de las masas, como las asambleas
populares, las coordinadoras, los consejos obreros o los soviets.
Es que el Socialismo no se reduce a la imposición
de medidas de carácter expropiatorio o estatistas -que son importantísimas-
sino a la posibilidad de que el movimiento de masas se sienta capaz de ejercer
el poder a partir de la construcción de la principal herramienta que existe para
que eso suceda: la democracia directa.
Por todo esto, frente a un nuevo aniversario de la muerte del Fidel, los revolucionarios y revolucionarias de CS gritamos fuerte: ¡Viva la Revolución del 59 del Che, Fidel, Camilo, Raúl y demás! ¡Abajo los enemigos de la revolución y la democracia directa, como terminaron siendo Fidel, Raúl, el stalinismo o los falsos “Socialistas del Siglo XXI.”

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