Alberto, cerca de otra catástrofe electoral, jugó sin éxito su última carta


Por Damián Quevedo

Alberto Fernández viajó a Europa a buscar un salvavidas, no solo para las elecciones sino para el día después. Alberto Fernández llegó a Roma con el objetivo de obtener apoyos concretos para la compleja negociación que el gobierno argentino está llevando adelante con el Fondo Monetario Internacional.[1]

Hasta ahora hubo dos reuniones que no consiguió, la primera es con el Papa, que rechazó reunirse con el presidente a pesar de la insistencia de los funcionarios argentinos. La otra es con Joe Biden, en busca de apoyos que hagan correr por carriles beneficiosos la negociación con el FMI.  

Las relaciones "carnales" forjadas con la máxima autoridad del Fondo ya no son suficientes. Kristalina Georgieva hizo mucho para que el gobierno argentino no entre en default, pero en medio de la crisis que atraviesa la institución que preside y con la imagen que hoy tiene el gobierno argentino, no tiene mucho margen de maniobra para continuar otorgando "tiempo" al hundimiento económico de Argentina.  

Por estos pagos la situación no es más prominente, ya que el Peronismo está en medio de una corrida en la cual todas sus "bandas" buscan separarse de Alberto, porque vislumbran una derrota catastrófica en noviembre. En ese marco y frente a esa perspectiva, el kirchnerismo intenta retomar la épica izquierdista que le otorgó una base entre la clase media progre, sobre todo al gobierno de Néstor. 

Sin embargo, a pesar de los cuestionamientos al FMI lanzados por sus principales espadas, la situación económica y la política de ajuste gubernamental no le da a la "banda" cristinista ningún margen para vestirse de rojo. Por eso, mientras que Hebe de Bonafini denunciaba al presidente por rodearse de ricos (sic), explotó el escándalo de las jubilaciones de privilegio que cobra Cristina, garantizadas por la titular camporista del ANSES. ¡en definitiva el pez por la boca muere!  

Los pedidos de  Fernández en la cumbre del G20, para obtener algunas concesiones en la negociación con el FMI, tampoco lograron nada concreto, ya que el evento giró en círculos alrededor del problema generado por el cambio climático, que hoy por hoy no es el centro de la tormenta que vive el mundo capitalista. La realidad es que estas cumbres, en tiempos de crisis y con clima de guerra, son una mera formalidad, demostrando que la diplomacia no puede sustituir la única manera que tiene la gran burguesía de zafar de esta nueva crisis de sobre producción: la guerra. 

En ese contexto, los pedidos del gobierno argentino pasaron a un tercer plano. Esto es un gran problema para Alberto y compañía, ya que fuera de una extensión para los pagos de deuda no le quedan otras cartas para correr hacia adelante la crisis. ¡Entonces, queda claro que nos aproximamos a una derrota electoral de características históricas, muy superior a la que sucedió con la PASO, situación que a su vez provocará una debacle institucional inédita! 

La izquierda tiene la obligación política de aprovechar este contexto, para lo cual tiene que dejar de seguir la agenda impuesta por el peronismo (etiquetado frontal, congelamiento de precios, etc.) agitando con fuerza la necesidad de construir, desde abajo y mediante un gran proceso asambleario, la única salida capaz de resolver algo al servicio de los laburantes: ¡La rebelión generalizada, el nuevo Argentinazo, que los eche a todos e imponga un gobierno obrero y socialista!  

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