No es Aníbal, es el peronismo real


Por Damián Quevedo

El twit de Aníbal Fernández -respondiendo al humorista gráfico Nik- causó revuelo en todos los medios, hasta el punto de obligar, no sólo a Aníbal Fernández sino a varios funcionarios, a pedir disculpas o dar explicaciones, que, parafraseando a otro humorista, más que aclarar, oscurecen.  

La historia de Aníbal era conocida por todos, mucho más por el gobierno, cuando fue convocado a ocupar el puesto de jefe de seguridad. Un dirigente político que respondía a Fernández fue el que organizó la agrupación Hinchadas Unidas Argentinas, donde se cobijaba a temibles barras bravas. José Luis Meisner, el socio de toda la vida de Aníbal, terminó detenido por el escándalo internacional llamado Fifagate. (Infobae, 13 de octubre)  

Esta misma fuente indica, que Cada vez que los usuarios del tren Sarmiento se rebelaban contra la humillación que sufrían cada día, Fernández aparecía en televisión y acusaba a Pino Solanas, o al Partido Obrero, o al sindicalista Rubén Sobrero de haber participado en un complot incendiario. La policía detenía entonces a inocentes a los que nunca les pudo probar nada. Sobrero fue uno de los apresados en un operativo vergonzoso.  

En aquellos años, el gobierno de Néstor intentaba un modelo bonapartista como recurso para recomponer la institucionalidad quebrada hacía pocos años, en el 2001. Ahora el contexto es diferente, aunque el gobierno también necesita recomponer la gobernabilidad, fuertemente golpeada en las últimas elecciones. Aníbal Fernández es consecuencia de esa crisis, de la misma manera que lo es el ultracatólico Manzur. 

Es el desembarco del peronismo real para hacerse cargo de un gobierno que no pudieron ejercer Alberto Fernández ni Cristina. Es el intento de mano dura, en lo posible por encima de las formalidades democráticas, es la tendencia bonapartista que los capitalistas intentan imponer en el mundo y que en medio de la crisis económica y política de Argentina, les resulta mucho más urgente.   

La prepotencia del tercer Fernández es y no es la misma que en los años del primer kirchnerismo, ya que en aquel entonces disponían del garrote lumpen, organizado a través de las Hinchadas Unidas o el "Vatallon Militante", junto con las patotas de la burocracia sindical, las que mataron a Mariano Ferreyra. En esa época contaban con una abultada caja para hacer asistencia social y comprar voluntades, hoy esos fondos no existen, por lo tanto solo les queda el garrote.  

Para enfrentar a este bonapartismo decadente se debe prepara la izquierda y la vanguardia obrera, ya que a medida de que la crisis avance -y puede a hacerlo muy rápido- los exabruptos de Aníbal Fernández no serán solo verbales. Es la tendencia general, la que impone el capitalismo global, una dinámica que va más allá de las intenciones personales de los agentes populistas de la burguesía.  

En este contexto, el llamado a la coordinación de los espacios de base, una fuerte campaña política que marque de forma tajante el antagonismo entre la izquierda y el gobierno y el impulso de formas de autodefensa en el movimiento de masas, serán, de aquí en más, tareas esenciales para enfrentar al ajuste peronista.

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