Crisis y tres presidentes dentro de un mismo mandato


Por Damián Quevedo 

La crisis abierta con las elecciones primarias dejó cambios importantes en el gobierno. Lo que en un principio parecía un golpe institucional, por Cristina Fernández para desplazar al actual presidente, resultó ser un desplazamiento de ambos grupos, el kirchnerismo y el pequeño entorno de Alberto Fernández, que dieron lugar a un ejecutivo comandado por la "Liga de los gobernadores".  

Manzur no es un hombre del kirchnerismo, no solo no comulga con la estética progresista, sino que tampoco proviene del núcleo duro de Calafate. Es más bien un típico, quizás el más claro, representante de los caudillos provinciales, de los gobernadores que siempre han tenido peso en las contiendas electorales y en la estabilidad política del gobierno nacional.  

El lugar que pasó a ocupar este médico retrógrado tucumano, habla de una crisis mucho más grave que la que se vio por los medios, una crisis de carácter subterráneo. La pelea entre Cristina y Alberto, expresada de manera bizarra en las cartas y los insultos entre ellos y sus acólitos, terminó dando lugar a este nuevo gobierno, surgido de una especie de golpe de estado palaciego.

El que tiene el dominio de la pelota y por ahora también arbitra las rencillas entre las mafias que gerencian el Estado, es el PJ. Más precisamente su columna vertebral, qué no es el movimiento obrero, sino la estructura de gobernadores, la misma que se rebeló contra Cristina y el presidente, harta de tantas macanas.  

En ese marco, tampoco el gobernador de la provincia de Buenos Aires quedó ileso, ya que asumió en los hechos el poder el intendente Insarrualde, que no es un soldado de Cristina sino el representante más dinámico de sus pares, los llamados "Barones" del conurbano, que en los hechos comandan pequeñas gobernaciones, no tan pequeñas si se las compara con las provincias menores. 

Con los cambios en los gabinetes y la mano dura de Manzur y Aníbal Fernández, parece que la tormenta política pasó y el gobierno podrá encargarse de tratar de remontar la derrota electoral y, lo que es más importante, garantizar la "gobernabilidad" capitalista.  ¿Pero se puede hablar de estabilidad, luego de que en dos años hayan pasado tres presidencias?  

En los hechos es lo que sucedió, ya que Alberto Fernández, gradualmente, fue sucedido por Cristina, quien a su vez tuvo que cederle el poder a los jefes del interior. Estos cambios se aceleraron con las fotos y la sucesión de tropiezos que hicieron que la imagen presidencial cayera estrepitosamente. Luego de estas, las elecciones produjeron un cambio sustancial y terminaron corriendo del comando a la "jefa", para que ese lugar lo ocupe Manzur.  

En los hechos, más allá de la etiqueta, el jefe de gabinete está actuando como jefe de Estado, porque ni Alberto Fernández ni Cristina representan a algún sector de la sociedad dispuesto a sostenerlos. Los capitalistas no tienen expectativas en que ninguno de ellos cumpla con el ajuste que necesitan, no por falta de voluntad sino por debilidad. 

Manzur tiene como base social a los gobernantes de las provincias, que además son capitalistas locales y tienen buenos vínculos con las multinacionales. Vino a ejecutar las exigencias del imperialismo y los capitalistas locales, ya que hasta ahora demostró que tiene la fuerza para eso. Ante este panorama, la izquierda debe prepararse para enfrentar un régimen herido, pero no por eso menos peligroso, ya que la misma debilidad los obliga a endurecerse y recurrir a la represión.  

Por todas estas razones, además de agitar las consignas relacionadas a la necesidad de acabar con el ajuste y la entrega, que viene de la mano de estos personajes, los partidos que se reivindican socialistas no pueden dejar en manos de los grupos de la derecha más impresentable la otra bandera que habrá que agitar, la defensa de las libertades democráticas. Es que el actual gobierno, como cualquier otro que lo suceda, necesita restringir el accionar de la clase obrera y el pueblo, para profundizar la súper explotación del conjunto.

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