Biotecnología y capitalismo financiero, un combo terrorífico


Por Francisco Ramos

En pocos días se cumple otro aniversario de la caída del Ernesto Guevara en Bolivia, quien más allá de sus errores tácticos tuvo el mérito de jugarse a extender la revolución por todo el mundo, una política que contradijo las aspiraciones del stalinismo mundial, que terminó copando al gobierno cubano. El Che no solo era un revolucionario convencido, sino que entendía que no había manera de avanzar sin atacar de lleno al imperialismo, derrotándolo. Por eso, una de sus frases más conocidas es "que no se puede confiar en el imperialismo ni un tantito así, nada...!

Esta definición tajante, fue abandonada por buena parte de la izquierda mundial, que se arrodilló frente al altar de la OMS, acatando sus órdenes sin ningún cuestionamiento. La mayoría de los partidos que se reclaman del Socialismo y del Antiimperialismo, se olvidó de que ese organismo supra-nacional no es otro cosa que una cueva de lobistas de los grandes laboratorios monopólicos. Por eso, con palabrerío izquierdista, estos grupos impulsaron la política medieval de poner en cuarentena a millones de personas sanas o la de inocular vacunas cuyas consecuencias no han sido testeadas al largo plazo.

En ese marco, la izquierda adaptada a la OMS aceptó dogmáticamente la utilización de productos de carácter transgénico, una técnica que cuando fue probada en seres humanos -para otras enfermedades- causó gravísimos problemas. Esa izquierda perdió su impronta rebelde, ya que la ciencia que promovió desde siempre el marxismo es la que se debe surgir del debate y la crítica, no sólo entre científicos sino dentro de las bases obreras y populares. Reproducimos a continuación un artículo que publicamos un año atrás y tiene, en ese sentido, absoluta vigencia. (Leer todo)  

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