17 octubre y crisis del PJ: la izquierda puede ocupar el centro del escenario


Por Damián Quevedo

Los dos actos por el pretendido "Día de la Lealtad" mostraron no solo la fractura -expuesta- existente en el seno del partido gobernante, sino la absoluta desorientación de todas y de cada una de sus fracciones, que aunque formalmente sigan estando dentro del Frente de Todos, en los hechos están por fuera del reparto del círculo que se está encargando de tomar las designaciones.  

El acto del domingo 17 fue una aparición desesperada de quienes, en años anteriores, manipulaban las arcas del Estado para hacer negocios particulares (esa es la verdadera ideología del kirchnerismo) y hoy por hoy han perdido casi por completo el acceso a la caja, una caja que por otra parte está prácticamente vacía.  

Dirigido por impresentables, como Hebe de Bonafini y Amado Boudou, la ceremonia kirchnerista tuvo como consigna central el "No pago de la deuda externa", aunque en los discursos, incluso en los más encendidos, se refirieron siempre a la deuda contraída por el gobierno de Macri, nunca a la que están negociando pagar desde su gobierno.  

Este aparente y poco creíble corrimiento hacia la izquierda del kirchnerismo, no es otra cosa que un intento de diferenciarse de un gobierno que se encamina hacia otra catástrofe electoral. Fuera de esa desesperada acción de huida, el acto del domingo solo brilló por lo grotesco de ese reclamo a un gobierno del que formalmente son parte y que tiene el récord de alineación y obediencia con el FMI, una de las tradiciones del kirchnerismo.  

Al día siguiente, el 18, porque no podía movilizarse el Día de la Madre, la "columna vertebral" del PJ hizo su acto. La CGT y la nueva burocracia piquetera, la UTEP, realizaron un evento patético, cuya característica sobresaliente fue la brevedad. Aunque varios burócratas sindicales manifestaron en los medios su apoyo a la gestión de Fernández, el documento central del acto no hizo ninguna referencia al respecto.  

En un acto "relámpago", aunque la movilización para consumarlo haya consumido horas, la CGT mostró que está siendo atravesada por la misma crisis que el gobierno. El hecho de resignar la Plaza de Mayo, teniendo que ubicarse en frente del Monumento al Trabajo, es una muestra de que los jefes sindicales no esperaban contar con demasiado público. Sin embargo, lo principal del hecho fue la ausencia de una orientación clara, ya que el acto de la burocracia sindical terminó siendo una triste puesta en escena del "ni".  

La marcha no tuvo oradores, en un reconocimiento de que definir quiénes iban a hablar podía ser motivo de fricciones. La dirigencia aún recuerda el traumático acto del 7 de marzo de 2017, en que los manifestantes le exigieron a los gritos al triunvirato que integraban Daer, Carlos Acuña (estaciones de servicio) y Juan Carlos Schmid (Dragado y Balizamiento) que le pusieran fecha al paro contra Mauricio Macri y todo terminó entre empujones, dirigentes resguardados en un edificio y el atril desde donde hablaron destruido. (Infobae 18/10/2021).  

La crisis de los de arriba es un contexto ideal para las aspiraciones de la izquierda revolucionaria, que debería jugarse a tomar el centro de la escena política, poniendo en pie su propio acto, multitudinario y combativo. Las fuerzas que se reivindican socialistas, con el FITu a la cabeza, deberían organizar una movilización a la Plaza de Mayo -y en todas las plazas del país- contra el pago de la deuda externa, por la derrota del ajuste y con la perspectiva de motorizar otro Argentinazo que sirva para echarlos a todos y a todas e imponer una salida Obrera y Socialista.

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