Las elecciones y el salto al vacío del gobierno


Por Damián Quevedo

Los resultados electorales de algunas provincias muestran algunas tendencias. La principal es la existencia del voto castigo contra el gobierno, que se manifiesta votando a la oposición patronal (que no implica confianza en esta) y la abstención, que en estas primarias parece ganar espacio. El crecimiento del voto a la izquierda, que anticipan ciertos encuestadores, será, si se concreta, la manifestación más consciente y avanzada de este rechazo. 

Como señalamos en notas anteriores, las elecciones de medio término definen el futuro de un gobierno, y el de este parece estar sellado, debido a la situación económica y la crisis política. Uno de los aspectos que define la fortaleza o no de una gestión capitalista, es el apoyo de las clases sociales que pretende representar. El desplante de Alberto para con la UIA, que esperaba a funcionarios de primer nivel en un acto en el conurbano, es otro de los saltos al vacío que viene dando el presidente.  

"Estamos en una fábrica", arrancó Daniel Funes de Rioja, que agradeció a la CGT y a sus pares del grupo de los seis que reúne a la Bolsa, la Rural, los bancos y la Cámara de Comercio en una celebración del Día de la Industria que el Gobierno intentó vaciar enviando a funcionarios de segunda línea para marcar las diferencias con la actual conducción de la UIA, más crítica hacia la política oficial. (Clarín 02/09/2021).  

Este juego de Fernández puede tener varias causas, probablemente la de mayor peso sea la desesperación ante una probable catástrofe electoral. Esa misma sensación lleva a todos los candidatos a basar sus campañas en el ridículo. El lenguaje forzosamente popular, las alusiones al "garche o al porro" -mediante un lunfardo artificial- es una muestra del temor de los candidatos patronales, que asumen la existencia de un proceso de bronca y descreimiento generalizado.

En ese contexto, el gobierno prácticamente no representa a nadie, ya que los capitalistas, mayoritariamente no confían (con razones) en su capacidad de profundizar el ajuste que exigen. Tampoco el Fondo Monetario internacional, hasta ahora el gran sostén del Frente de Todos, está satisfecho con la implementación de sus políticas, no porque los actuales funcionarios no lo intenten, sino porque son, evidentemente, incapaces.  

Todo indica que vamos a dos elecciones en las cuales la caída de la imagen y autoridad presidencial será todavía mayor. El problema, para los capitalistas, es que carecen de un partido que les pueda garantizar un recambio más o menos coherente, la continuidad institucional y el rumbo bonapartista -endurecimiento frente a las masas- que necesitan. 

La cuestión principal, para la izquierda que se reivindica revolucionaria, es qué hacer frente a semejante escenario. El marco general de total y absoluta debilidad de ambos partidos patronales facilita el fortalecimiento del Frente de Izquierda, que si hace lo que corresponde puede llegar a convertirse en la alternativa política de una porción significativa de la clase trabajadora y el pueblo.

Para eso no basta con aparecer como una alianza independiente de la burguesía, o agitar algunas correctas consignas "transicionales". ¡Hace falta una campaña nítidamente socialista, a través de la cual los candidatos y las candidatas tracen rayas con el "modelo" capitalista, convocando a los de abajo a empujarlo hacia el abismo con otro Argentinazo, una rebelión que empalme con las que comenzaron a explotar en otros puntos del planeta.  

La firmeza y convicción con la que se proponga este camino es clave, porque en épocas de crisis profunda, como esta, el movimiento de masas busca propuestas claras y contundentes, dichas por personas que se planten con autoridad y vocación de poder. En ese sentido, la izquierda debe dejar de lado el pedido, ultra defensivo, de convertirse en "tercera fuerza", apareciendo frente al conjunto como una nueva dirección que quiere mucho más que eso: ¡Ganar ahora mismo su liderazgo, no para el futuro!

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