Gabriel Solano y el debate sobre la obligatoriedad de vacunarse
Por Juan Giglio
A través de una nota publicada en su sitio oficial (leerla) el PO explica la postura de su dirección en cuanto
a la obligatoriedad o no de vacunarse, luego de que su máximo dirigente, Gabriel Solano, rechazara la aplicación de sanciones a trabajadores que no lo acepten.
¡Bienvenido el debate, porque -hasta el momento- la mayoría de los partidos que
se reclaman socialistas no han hecho otra cosa que aceptar mansamente las directivas generales
de la OMS y los laboratorios!
Un hilo publicado en
Twitter por Gabriel Solano, retomando el tema
que desarrolláramos en un artículo de Prensa Obrera contra la intención del gobierno de habilitar
a las patronales a sancionar a los empleados que no quieran vacunarse contra el
Covid-19, desató una extensa polémica en la red social del pajarito. En
simultáneo, Gerardo Morales anunciaba que en Jujuy los empleados públicos
deberán presentar un carnet donde conste la aplicación de al menos una dosis
para poder ingresar a su trabajo, so pena de descuento salarial. (PO, 4 de
agosto)
Sucede que las vacunas
contra el Covid-19, que fueron aprobadas de emergencia por la pandemia y
aplicadas en gran escala, aún no han completado la fase de experimentación como
para ser incluidas en el calendario obligatorio. Para ello debe completarse un
período de tiempo en el que se evalúen los resultados y efectos adversos. Es
por este motivo que los pulpos farmacéuticos que han monopolizado las patentes
para su producción se aseguraron no solo la confidencialidad de los contratos
usurarios sino además inmunidad ante los daños colaterales que pueda causar. (PO,
4 de agosto)
En el artículo en cuestión, el Partido Obrero caracteriza la existencia de cierta “desconfianza” en las filas de la clase trabajadora y el
pueblo, sentimiento que en otros países se convirtió en movilización. Así
sucede en Francia y en varios países europeos, donde algunos sindicatos, como
el de los bomberos, los “chalecos amarillos” y muy pocas organizaciones políticas, se
pusieron a la cabeza de multitudinarias marchas contra el “Green Card” o pase sanitario.
Este secretismo y el
blindaje jurídico de los fabricantes consagrados en los contratos, además de
las acusaciones cruzadas entre los laboratorios y sus voceros mediáticos del
oficialismo y la oposición, alimentan por supuesto la desconfianza de la
población. La solución coercitiva que evalúa el gobierno nacional,
implementa el gobernador cambiemita de Jujuy, y pretende aplicar en Francia el
mandatario Emmanuel Macron con una ley para despedir a aquellos que no se
vacunen, encara el problema desde la perspectiva de la patronal y no de la
salud pública. (PO, 4 de agosto)
A partir de 2020 venimos diciendo que los
gobiernos patronales se valen del Covid para imponer una
política contrarrevolucionaria, asustando al movimiento de masas para que se “quede
en casa”. Su objetivo es lograr que los y las de abajo no se organicen ni movilicen o, que al menos, dejen de pensar en sus demandas elementales insatisfechas. Las restricciones y cuarentenas nada tienen que ver con la defensa de
la salud, más bien lo contrario, ya que atentan
contra el necesario fortalecimiento de las defensas naturales.
También dijimos que la única manera de enfrentar al coronavirus y a otras enfermedades, que
atacan centralmente a la clase obrera, es garantizando el “buen
vivir” de las mayorías, cosa que no hace el Capitalismo, cuyos
gobiernos condenan a millones al hambre, el hacinamiento y la súper
explotación. La mejor “vacuna” es acabar con este sistema, reemplazándolo por
el Socialismo, mediante la organización de gobiernos obreros que se apoyen en órganos de decisión
democráticos.
Mientras luchamos por esa perspectiva, abandonada por la izquierda que se adaptó a las instituciones “democráticas”
de la burguesía, agitamos la necesidad de conquistar un aumento significativo del presupuesto sanitario,
con fondos provenientes del no pago de las deudas a los piratas financieros e
impuestos a las grandes empresas. Los hospitales, las clínicas y los
laboratorios tienen que estar en manos de sus trabajadores.
Ellos y ellas decidirán que es lo mejor para enfrentar al Covid: ¿Las vacunas, los medicamentos que el Estado desechó, o una combinación de todos estos productos? Para eso habrá que recuperar una práctica que se está dejando de lado -los diagnósticos específicos o personales- que en épocas en las que existía el "médico de cabecera" abundaban. Con la "pandemia" dejaron prácticamente de hacerse, siendo reemplazados por la "protocolización" impuesta desde la "industria médica", cuyo objetivo no es curar sino optimizar sus ganancias!
Para cuidar en serio al conjunto, las organizaciones obreras y populares,
controladas por sus asambleas de base, tendrán que controlar a los
laboratorios, las clínicas, los hospitales y los planes de salud. ¡Teniendo en cuenta esta perspectiva -que la izquierda apoya en general- hay que rechazar la obligatoriedad -explícita o implícita- de vacunarse! Los partidos que se dicen socialistas deben enfrentar el oscurantismo, impulsando esta consigna y el más amplio y democrático debate científico, dándole lugar a médicos y especialistas que cuestionan el "dogma" de los laboratorios!



Comentarios
Publicar un comentario