Alberto y la oposición burguesa hacen piruetas en la cubierta del Titanic


 Por Damián Quevedo 

Las elecciones pusieron sobre la mesa varias cuestiones, entre estas la ausencia de poder del presidente, la carencia de unidad política dentro del Frente de Todos y la actitud "carrerista" de muchos funcionarios, que sólo pretenden garantizar su propia permanencia en instancias de gobierno, para currar y "gestionar" los negocios de distintos sectores de la patronal.  

El pedido de renuncia del dirigente santafecino Rossi, luego de que este lanzara su candidatura, compitiendo con el gobernador de esa provincia, es una evidencia de la crisis. Por un lado, queda claro que el presidente no es el jefe de sus propios ministros y, por otro, esta situación le deja a Fernández un hueco en un ministerio crucial, para el que no tiene un reemplazo de confianza.

Uno de los nombres en danza ha sido el de Sabrina Frederic, pero el enroque dejaría vacante al área de la seguridad. ¡Es la situación de la sábana corta! Sin querer decirlo, o queriendo decirlo, la ministra Frederic acaba de explicar cómo funciona el Gobierno. Cuando le preguntaron si va a reemplazar a Rossi, el ex ministro de Defensa, dijo: “Soy ministra de Seguridad; nunca se sabe lo que puede pasar. Por el momento, el poder lo tiene Alberto Fernández”. (Clarín 30/07/2021).  

La descripción de Frederic es la pintura más cruda de la realidad gubernamental. "Nunca se sabe que puede pasar"... no existen planes ni previsiones, así fue con la administración de la crisis sanitaria y así es ahora, ya que Alberto tiene el poder, pero apenas "por el momento". El cierre de listas en el que Fernández, el dueño de Dylan, parecía haber tomado las riendas de su partido, quedó atrás, porque en apenas una semana ya tiene una nueva rebelión interna. ¡Rossi terminó reconociendo que él es más leal a CFK que a nadie!  

Las divisiones, los enfrentamientos y los pases de una banda a otra, al estilo Borocotó, que suceden tanto en el oficialismo como en Juntos por el Cambio, vaticinan que estas elecciones no dejarán buenos resultados para los partidos patronales. Para el caso del gobierno, con la crisis sanitaria y la caída a pique de la economía, una mala  elección de medio término podría significar lo mismo que un acta de defunción temprana.  

Sin embargo, el problema lo tienen todos, ya que están bailando en la cubierta del Titanic. Si el peronismo sufre un fracaso estrepitoso en estas elecciones y al macrismo no le va mejor, los capitalistas se quedarán sin recambio para el 2023, abriendo las puertas al surgimiento de "outsiders", tipo Pedro Castillo u otros peores. ¡El miedo de la burguesía es que ese espacio lo termine capitalizando la izquierda, pero no la de pacotilla, sino la más radicalizada, que en este país abunda!  

Esta decadencia no fue provocada por las ambiciones personales de los políticos patronales, que aunque existen no determinan el rumbo general de los acontecimientos. La causa está en la larga agonía del capitalismo, que ya no tiene salidas para ofrecer, por eso sus representantes actúan movidos por la necesidad de salvarse a sí mismos, no tienen proyecto ni programa (ni a mediano ni a largo plazo) porque los capitalistas no lo tienen.

Como dijimos antes, la izquierda, la que se precia de ser revolucionaria, la que quiere pelear por el Socialismo, debe valerse de los hechos para pisar "fuerte", agitando con mucho más audacia que nunca las banderas de la Revolución, trazando rayas con las variantes populistas de todo el continente, incluso la peor de todas, que es la dictadura capitalista cubana, para aparecer frente a las masas como una verdadera alternativa. Una opción, que le diga a los y las de abajo que deben hacerse cargo del poder, apoyándose en sus asambleas de base y otros órgano de decisión democráticos.

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