12 años atrás Cristina entregaba el campo argentino a Monsanto

Por Claudio Colombo

Muchos piensan que en 2008 durante el "Conflicto del Campo", Cristina enfrentó a los grandes intereses agropecuarios. Si bien es cierto que el gobierno mantuvo una dura pulseada con la Sociedad Rural y otras fuerzas menores del sector, los grandes productores de semillas transgénicas y los dueños de los principales pooles de siembra se mantuvieron al lado del gobierno, con el que hicieron fabulosos negocios. 

Por esa razón, no fue un hecho casual que un año después de finalizado el conflicto, en agosto de 2009, Cristina anunciara -frente a representantes del Club de las Américas de Nueva York- un plan de inversiones de la multinacional agrícola Monsanto, dueña de las semillas transgénicas y del glifosato (el 87 por ciento de las plantaciones transgénicas  de algodón, maíz y soja del mundo usan sus semillas y herbicidas). 

Durante su gobierno Cristina pagó religiosamente la deuda externa, destruyó conquistas obreras y entregó amplios territorios y recursos a las multinacionales, como cuando impuso el acuerdo de YPF con Chevron. ¡El kirchnerismo nada tiene de progresista, razón por la cual sus funcionarios actúan como el tero, que grita en un lugar pero pone los huevos en otro, para engañar a sus depredadores! 

Los altos precios de la soja y del maíz le permitieron contar con una fenomenal recaudación impositiva -a través de las retenciones- gracias a la cual mantuvo por cierto tiempo la “paz” social, situación que le facilitó imponer las políticas de saqueo más grandes de la historia. La profundización del monocultivo, la depredación ictícola, el avance del fracking o las perforaciones mineras a cielo abierto, son algunas de estas “perlitas”.

La “Patria” de Monsanto

Monsanto hace mucho que está en el país, donde ha logrado una excelente distribución y comercialización de sus productos, varios de los cuales son producidos en el parque industrial de Campana, como la semilla de soja RoundUp Ready y el RoundUp, el herbicida hecho de glifosato que mata todo lo que pulula alrededor, salvo esas semillas.  

Las semillas transgénicas son modificadas genéticamente para obtener un producto más rentable. Las plantas que crecen gracias a estas presentan dos particularidades: son las únicas que resisten al glifosato, aunque sin producir sus propias semillas. Por lo tanto, para volver a sembrar, los productores tienen -sí o sí- que volver a comprarlas a Monsanto. ¡Lo que se dice un negocio redondo!  

Esta práctica transforma a los mejores campos en desiertos verdes, donde nunca más -o al  menos por mucho tiempo- volverá a crecer algo. ¡Allí, entre otros productos, siembran maíz transgénico, que por su peligrosidad ha sido prohibido en Francia! La mayoría de los productores conocen los riesgos ambientales, pero la ganancia es tan grande que los siguen utilizando, tratando de no sembrar en sus propios campos, sino en los que arrendan.  

En Junio de 2009, casi al mismo tiempo que CFK acordaba con Monsanto, en la provincia de Córdoba comenzaba el primer juicio oral y público por un caso de envenenamiento por fumigación con glifosato. Siniestra es la historia en un suburbio cordobés -muy expuesto a las fumigaciones- donde ya existían casi 200 casos de cáncer en una población de 5000 habitantes, además de un bebé nacido sin riñones.  

Mientras tanto, en las cercanías de Paraná, sucedía otro acontecimiento trágico, cuando tres maestras de una escuela rural cercana a varios campos fumigados con estos productos, daban a luz chicos con TGD (autismo), una situación que estadísticamente es muy improbable. ¡Estas son apenas muestras de lo que significó la política agropecuaria de Cristina Kirchner, para quien actuaba como vocero el actual presidente, Alberto Fernández.

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