Obligatoriedad de la vacuna para el control social, una política fascista

Miles protesta en Francia contra la obligatoriedad de la vacuna y la imposición de la "Green Card"

Por Damián Quevedo

La implementación del “Pasaporte Covid” en la Unión Europea, Tarjeta Verde o “Green Card”, se convertirá objetivamente en un método de segregación social, ya que quienes pretendan ingresar a países de esa región deberán presentarla, para lo cual tendrán que ser vacunados con productos autorizados por el imperialismo europeo, o, dicho de otra manera, por vacunas que no hayan sido fabricadas por la competencia. 

La Unión Europea ha aprobado hasta el momento la aplicación de las vacunas Pfizer-BioNTech, Moderna, Oxford-AstraZeneca y Johnson & Johnson, pero no la rusa Sputnik V ni las chinas Sinovac y Sinopharm. (BBC 01/07/2021). ¡Esto es una clara señal de que continúa, con mucha intensidad, la guerra comercial, que hoy por hoy significa el intento de consolidar la venta de las vacunas en estos verdaderos mercados cautivos, generados por las imposiciones de la OMS!  

Sin embargo, existe otro aspecto importante, que va más allá de esta política de marketing monopólico, que apunta hacia el perfeccionamiento de herramientas de control social, que en el caso europeo significa ponerle un freno a las grandes migraciones, un problema de suma importancia para la economía de esa zona, que recibe constante y sistemáticamente a la población obrera sobrante de las semi colonias de África y Medio Oriente.  

Con la “Green Card”, los gobiernos de Europa, con Francia a la cabeza, intentarán estigmatizar -mucho más que ahora- a los inmigrantes, acusándolos de “apestados” por no haber sido vacunados ni contar con recursos sanitarios, en países que fueron devastados por las hordas imperiales desde hace años. ¡Macron, Johnson y compañía, necesitan contar con una base social activa, como en las épocas del fascismo, que se movilice contra los de "afuera", para lo cual deben construir las excusas correspondientes!  

En Argentina, el gobierno de Alberto Fernández, que siempre mira hacia Europa, está apuntando en la misma dirección: Tras conocerse que en Francia se requerirán pases especiales de Covid-19 para ingresar, por ejemplo, a bares, restaurantes, centros comerciales o transportes; el jefe de Gabinete de la Provincia, Carlos Bianco, afirmó que la gestión de Axel Kicillof “evalúa” también dicha posibilidad. (Ámbito Financiero 19/07/2021).  

En el caso de nuestro país la inmigración no es un problema para la economía, aunque a esta le sobran problemas. Las medidas de control -que no son sanitarias sino políticas- apuntan en el sentido de incrementar la represión contra la clase obrera y el pueblo pobre, por ahora de forma solapada. Los de arriba tienen miedo de que la ola de rebeliones que atraviesa el mundo y que hoy tiene su centro en Cuba, arrase con el sueño del kirchnerismo, que trabaja para ser el recambio de Alberto. 

El control sanitario es una de las pocas medidas que le queda al gobierno, que no teniendo posibilidades de resolver la crisis económica, se hunde en el pantano de una gran crisis política y social. El peronismo, como siempre ocurrió, sueña con una sociedad disciplinada, a la usanza de una dictadura. Los controles impuestos en la actualidad para el uso de medios de transporte y la sucesión de encierros, han sido pasos que van en esa dirección.  

Alberto, Cristina o quien gobierne, no tienen otra salida que no sea la de reprimir a los laburantes, que continuarán peleando por sus demandas insatisfechas. Por eso, los funcionarios han comenzado a “tantear” la posibilidad de optar por el rumbo “francés”. ¡Esta, o cualquier restricción a las libertades, provocará, como siempre, la rebelión de los y las de abajo, perspectiva para la cual se debe preparar la izquierda que se dice revolucionaria!  

La campaña electoral tendría que ser aprovechada para esto, agitando las banderas del Socialismo y de la acción directa extraparlamentaria, la herramienta obrera más eficaz para acabar con la explotación de los capitalistas a través de una revolución social, que impongan un gobierno obrero y popular apoyado en miles y miles de asambleas en las fábricas, los barrios y las escuelas. 

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