Millones en las calles festejando, malos augurios para los de arriba


Por Juan Giglio

Quienes amamos al futbol, cada vez que ocurren cosas como la de ayer nos ponemos contentos, independientemente del negocio futbolero o del nivel de vida, millonario, de las “estrellas” en cuestión. Lo hicimos ayer, igual que cuando Maradona bailó a los ingleses o, en mi caso, cuando Ricardo Bochini metió el gol que le dio un campeonato del mundo al “Rojo”, ganándole a la Juve, no en cualquier lado sino en la mismísima Italia.

En el 78 fuimos miles los y las que festejamos en el Obelisco y otras plazas, aunque, como insisto desde el principio de la nota: ¡Más allá de la coyuntura política y social, que en ese caso no era cualquiera, ya que reinaba la dictadura genocida, cuyos líderes trataron de aprovechar las circunstancias para perpetuarse en el poder! Sin embargo, la movilización de millones, por la “gloria” futbolera, les jugó en contra a los milicos.

La multitud, mayoritariamente laburante, hizo algo que no solía hacer, porque los dictadores lo habían prohibido, mediante el Estado de Sitio, ganar las calles, sacándose las telarañas de los dos años más negros de nuestra historia. Esa "explosión" de júbilo colaboró con la resistencia, que en el 79 pegó un salto de calidad, a partir del paro organizado por el sector más “combativo” de la CGT, dando lugar a la rebelión post- Malvinas, de 1982.

Ahora, los gobernantes “democráticos” de la burguesía trataron de hacer retroceder la rueda de la historia hacia situaciones parecidas a las que se vivieron durante la dictadura, imponiendo el confinamiento masivo, diseñado no para resolver problemas sanitarios, sino para desmovilizar. ¡La intención, aquí y en la China, fue que los trabajadores y las trabajadoras dejen de lado sus preocupaciones cotidianas, relacionadas al ajuste, para que sólo piensen en “Covid” , agradeciéndoles a los de arriba por “salvarles sus vidas”!

Si en el 78 el festejo sirvió para “calentar motores”, ahora tiene un carácter más “subversivo”, porque en los hechos significó la liquidación de la cuarentena y un atentado en regla contra una de las prácticas recomendada por los Estados burgueses: el “distanciamiento social”, abandonado por millones que se abrazaron, bailaron y se sacaron sus respectivos tapa bocas. ¡Lo del Maracaná, con público reducido al mínimo, fue simbólico, ya que los pocos y las pocas que estaban allí, en vez de dispersarse por las gradas, se terminaron juntando!

El campeonato de América, luego de años de "sequía", en otras circunstancias podría haber sido aprovechado por Alberto y su banda. ¿O es que no ha sido, dentro del actual mandato kirchnerista, donde Argentina ganó su título? ¡Pero no, ni Alberto, ni Cristina, ni Máximo, ni mucho menos la oposición patronal, están en condiciones de apropiarse de la victoria futbolística y sus repercusiones sociales, que como en el 78, pero más rápidamente, terminarán volviéndose en su contra! 

Vamos, en pocas semanas, a elecciones, las más anodinas y poco atractivas de la historia de esta “democracia burguesa”, que se cae a pedazos. La tendencia hacia la “izquierda”, que recorre el continente, probablemente se exprese en ese terreno, aunque, como siempre lo hemos dicho, de manera contradictoria. ¡Ojalá lo haga a través de la votación a listas de candidatos y candidatas socialistas! Sin embargo, pase lo que pase, la dinámica general va más allá, hacia nuevas y más potentes rebeliones, como las que empezaron a explotar en otras regiones del mundo

¿Cómo no va a suceder esto, si, en el marco de la crisis más grande del Capitalismo -con sus principales potencias metidas en una “guerra” comercial tremenda, que las debilita- el movimiento de masas está triturando, en los hechos, la principal política que tuvo, durante este año y pico, la burguesía mundial para frenar las rebeliones, aquella que el general Juan Domingo Perón definió mucho antes que nadie: “de la casa al trabajo y del trabajo a la casa”...? 

¡La alegría obrera y popular, que se volcó a las calles, a lo largo y a lo ancho del país, es un buen augurio para los revolucionarios y las revolucionarias, que debemos prepararnos, teórica, política y programáticamente, para ubicarnos en la “cresta de la ola” de las insurrecciones que se aproximan, agitando desde allí y con mucha, mucha audacia, el programa socialista.

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