Evita, enemiga acérrima de la independencia obrera y el feminismo


Por Graciela Monaris

Este 26 de Julio de cumplen 69 años del fallecimiento de Eva Perón, que a pesar del tiempo transcurrido continúa siendo una de las figuras importantes de la política argentina. "Evita" es reivindicada por el peronismo e incluso varias organizaciones y personalidades de la izquierda que la ubican como un símbolo de las “mujeres en lucha” junto a Guevara, San Martín y otros/as. 

Quienes exaltan su legado destacan que su acentuado "odio hacia la oligarquía y los gorilas" la habrían motivado a jugar un papel progresivo en su época. Algunos, teniendo en cuenta este aspecto, han llegado a caracterizar la existencia de diferencias entre ella y Perón, asegurando que su figura representa la vertiente más combativa del peronismo. Por esto, durante la década del 70 los Montoneros cantaban “Si Evita viviera, sería montonera, contraponiendo esta consigna a la conocida "Qué pasa general, está lleno de gorilas el gobierno popular". 

Sin embargo, nada de lo que hizo se puede entender por fuera de los marcos y límites de clase del movimiento nacionalista burgués peronista. cuyo estratega y líder indiscutido fue Perón. Para entender su "legado", hay que tener en cuenta la línea del "jefe" y la situación que atravesaba Argentina en los primeros años de la posguerra, cuando el país vivió una coyuntura económica extremadamente favorable, casi tanto como la que transcurrió ´durante la coyuntura del “viento de cola” que atravesó al primer período kirchnerista. 

En tiempos de Perón y Evita, un sector de la burguesía ligada a Inglaterra (principalmente el ala agrícola y ganadera de la provincia de Buenos Aires) impulsó la política de neutralidad para la guerra -como querían los ingleses- de manera de obtener grandes ganancias mediante la exportación de carne y cereales a los países en guerra, cuyas economías estaban devastadas. 

Esa ventaja económica, sumado al hecho de que los "piratas" estaban en retroceso, dejando su lugar al imperio yanqui, que aún no dominaba el país, le posibilitó a Perón contar con cierta independencia de los nuevos dueños del mundo. Para sostener esa tibia resistencia al avance estadounidense, el gobierno del PJ se apoyó en el movimiento obrero, haciéndole concesiones económicas y sociales, siendo Evita la cara visible de esa política populista, montando en su propia fundación.

Desde esa institución desarrolló una intensa actividad, distribuyendo alimentos, juguetes y otras acciones benéficas para con amplios sectores obreros y populares, situación que le hizo ganar el apoyo masivo de los sectores más humildes. Sin embargo, junto con las concesiones, el gobierno impuso un control totalitario de las organizaciones obreras, principalmente los sindicatos y la CGT.

Esta línea de cooptación de las conducciones obreras, se profundizó en la medida en que se deterioraban las condiciones económicas y las patronales empezaban a exigir frenos a los aumentos salariales, cláusulas de mayor explotación y subordinación al imperio yanqui. Pero, lejos de oponerse, aceptó y profundizó esta orientación durante su segundo mandato, apoyándose, como siempre, en la podrida burocracia sindical.

Evita fue una pieza fundamental de esa política contrarrevolucionaria, para la cual puso todo su prestigio y autoridad. En ese sentido, ella fue la mejor propagandista de la pérfida ideología de la “conciliación de clases”, impuesta por Perón y las conducciones gremiales traidoras. Evita llegó a controlar a los dirigentes de la CGT, tanto que en 1947 puso al frente de la central obrera a José Gerónimo Espejo, un burócrata  prácticamente desconocido para los trabajadores, pero un fiel servidor suyo y del general.

Con la burocracia instalada en los sindicatos persiguió a los luchadores y a todo aquel que no se subordinara al gobierno peronista. Cuando los dirigentes no fueron capaces de frenar las luchas no dudó en intervenir personalmente para disciplinar a los trabajadores. Un ejemplo fue su actuación durante la huelga ferroviaria de 1951.

“En una oportunidad, secundada por tres autos negros, fue hasta la sede del gremio de la seccional Remedios de Escalada, para reclamar la vuelta al trabajo. Encontró las puertas cerradas: nadie la recibió. Entonces se dirigió a la estación de trenes, se paró en el andén y convocó a los obreros. Poco a poco fueron saliendo de los talleres para escuchar su palabra. Los de Remedios de Escalada estaban entre los más grandes del país.”

“Trabajaban en ellos cerca de cinco mil personas. Evita les pidió que levantaran la huelga en nombre de Perón. Un obrero socialista la retrucó. Evita se ensañó con él. Los obreros, finalmente, rechazaron su propuesta. Evita los mandó a “la puta madre que los parió a todos”. Y les advirtió: “Aténganse a la represión… al día siguiente, los huelguistas debieron soportar la razia policial y miles de despidos y cientos de detenciones.” (Marcelo Larraquy, De Perón a Montoneros)

Quienes hoy le rindan homenaje ocultan esta faceta, que la más importante de su "obra”. Aunque su partido hace mucho que dejó de hacer concesiones a la clase trabajadora, mantiene en pie el aparato burocrático y las patotas que Evita ayudó a crear y a consolidar para frenar las luchas. Esa obra hay que demolerla, construyendo un nuevo tipo de sindicalismo, combativo y democrático, única manera de enfrentar con éxito el plan que hoy por hoy aplican los y las peronistas.

Evita en contra del “feminismo” y las feministas

Si Evita cumplió un papel nefasto en relación a los trabajadores, ni qué hablar sobre su actitud en cuanto al movimiento de mujeres. Veamos qué opinaba al respecto, citando una parte de uno de sus textos dedicados al feminismo, titulado “El paso de lo sublime a lo ridículo”Confieso que el día que me vi ante la posibilidad del camino "feminista" me dio un poco de miedo. ¿Qué podía hacer yo, humilde mujer del pueblo, allí donde otras mujeres, más preparadas que yo, habían fracasado rotundamente? ¿Caer en el ridículo? ¿Integrar el núcleo de mujeres resentidas con la mujer y con el hombre, como ha ocurrido con innumerables líderes feministas?

Ni era soltera entrada en años, ni era tan fea por otra parte como para ocupar un puesto así... que, por lo general, en el mundo, desde las feministas inglesas hasta aquí, pertenece, casi con exclusivo derecho, a las mujeres de ese tipo... mujeres cuya primera vocación debió ser indudablemente la de hombres. ¡Y así orientaron los movimientos que ellas condujeron! Parecían estar dominadas por el despecho de no haber nacido hombres, más que por el orgullo de ser mujeres.

Creían entonces que era una desgracia ser mujeres... Resentidas con las mujeres porque no querían dejar de serlo y resentidas con los hombres porque no las dejaban ser como ellos, las "feministas", la inmensa mayoría de las feministas del mundo en cuanto me es conocido, constituían una rara especie de mujeres... ¡que no me pareció nunca mujer! Y yo no me sentía muy dispuesta a parecerme a ellas. Un día el General me dio la explicación que yo necesitaba:

"- ¿No ves que ellas han errado el camino? Quieren ser hombres. Es como si para salvar a los obreros yo los hubiese querido ser oligarcas. Me hubiese quedado sin obreros. Y creo que no hubiese podido mejorar en nada a la oligarquía. No ves que esa clase de "feministas" reniega de la mujer. Algunas ni siquiera se pintan... porque eso, según ellas es propio de mujeres.”

“¿No ves que quieren ser hombres? Y si lo que necesita el mundo es un movimiento político y social de mujeres... ¡qué poco va a ganar el mundo si las mujeres quieren salvarlo imitándonos a los hombres! Nosotros ya hemos hecho solos, demasiadas cosas raras y hemos embrollado todo, de tal manera, que no sé si se podrá arreglar de nuevo al mundo. Tal vez la mujer pueda salvarnos a condición de que no nos imite."

Yo recuerdo bien aquella lección del General. Nunca me pareció tan claro y tan luminoso su pensamiento. Eso era lo que yo sentía. Sentía que el movimiento femenino en mi país y en todo el mundo tenía que cumplir una función sublime... y todo cuanto yo conocía del feminismo me parecía ridículo. Es que, no conducido por mujeres sino por "eso" que aspirando a ser hombre dejaba de ser mujer ¡y no era nada!, el feminismo había dado el paso que va de lo sublime a lo ridículo. ¡Y ese es el paso que trato de no dar jamás! 

Al respecto no hay más que decir, porque como explica bien el famoso dicho: ¡A confesión de partes, relevo de pruebas! Evita militó´ coherente y consecuentemente contra el feminismo, defendiendo las posturas máchistas más reaccionarias. Por lo tanto, resulta más que contradictorio que cierto grupo de mujeres que se reclaman feministas, sostengan a un partido, el PJ, que tiene semejante historia. Hoy, a 69 años de la muerte de Evita, las mujeres y el conjunto de la clase trabajadora deben, sí o sí, construir otra cosa, un Partido o Movimiento Revolucionario que apueste a poner en pie otro tipo de sociedad, sin explotados, explotadas, ni explotadores o explotadoras, una sociedad Socialista.

Comentarios

  1. Mucha bronca hacia una mujer fallecida y vejada después de muerte. Sacate el odio antes de escribir.

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  2. Desmitificar a la tan abanderada Eva Duarte

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  3. Esta página hipócrita habla de control totalitario de la clase obrera, cuando reivindican a un genocida como Trotsky, asesino de obreros y campesinos revolucionarios en Ucrania y en Kronstadt.

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