Control de la Hidrovía y el verso peronista de la Soberanía


Por Damián Quevedo

El fin, por algunos meses, de la concesión privada -en manos belgas- de la Hidrovía y el control por parte del Estado, en principio durante un año, es otro negociado kirchnerista disfrazado de acto "patriótico". Su manejo -cobro de peajes y dragado mediante- estará en manos de José  Beni, uno de los íntimos allegados de Cristina, desde los tiempos de la gobernación de Santa Cruz por parte de su marido. 

Beni tiene buena llegada a los gremios, ya que como integrante de la Asociación del Personal de Dirección de Ferrocarriles Argentinos -APDFA- formó parte de la Administración General de Puertos. Desde esa ubicación construyó buenos vínculos con Juan Carlos Schmid, el secretario general del Sindicato de Dragado y Balizamiento, uno de los pilares del Moyanismo. 

Con el nuevo decreto que firmó el Presidente, Beni estará cargo del control de una zona navegable de 3.500 kilómetros, por la cual, según los especialistas, pasa el 80 por ciento del comercio exterior argentino que hasta hace unas horas estuvo en manos de la empresa de capitales belgas Jan de Nul junto a su socia local Emepa. El negocio de la Hidrovía es millonario y mueve unos 300 millones de dólares al año en el cobro de peajes a los barcos que se mueven por la zona. (Clarín 01/07/2021) 

El decreto también establece, que al cabo de un año se ejecutará una nueva licitación para empresas, locales o extranjeras, que se postulen para ejercer el control de la vía, lo cual le dará al kirchnerismo cristinista un lugar de privilegio a la hora de negociar con los futuros encargados de controlar las vías navegables internas. Otro negocio será el de poder contratar servicios de empresas tercerizadas, durante el actual período. 

Este paso, que hace recordar a los mejores momentos de Julio De Vido, hace crecer la caja de una de las bandas que está a cargo del Estado, por lo tanto nada tiene de progresivo. Para serlo, controlando el comercio exterior al servicio de los de abajo, sería necesario que la Hidrovía quede en manos de los trabajadores y no de esta casta de arribistas y sátrapas, acostumbrados a vivir de negocios con el Estado, junto con entregar las riquezas a las grandes multinacionales. 

Un paso en la dirección correcto hubiera sido el de imponer esta medida y la expropiación, lisa y llana, de todas las multinacionales que operan en los puertos ribereños, que se llevan las grandes ganancias del país al exterior, exportando comodities o materias primas. Nada de eso será posible sin una revolución socialista que ponga todo “patas para arriba”, dándole el poder a la clase trabajadora y al pueblo pobre, perspectiva por la cual luchamos desde nuestro partido. 

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